sábado, 16 de febrero de 2008

La Turbina LABALA

Gustavo Labala nació el 28 de octubre de 1955, en Lanús, provincia de Buenos Aires. Como hombre práctico, lo primero que le buscó Labala a su aparato fueron aplicaciones no aeronáuticas. Una es la producción de electricidad de tres megavatios de potencia (suficiente para iluminar 300 casas). Diseñada para zonas rurales aisladas, esta turbina da un doble servicio: electricidad por la bornera del generador y, por la tobera de escape, calor para secado de granos de los agricultores de la zona.

Pablo Florido, ingeniero del Instituto Balseiro, en Bariloche (CAB) enfrentaba una tarea difícil, hacer un nuevo sistema de enriquecimiento de uranio. Necesitaba turbinas ultracompactas y de enorme potencia. Así llegó la turbina al CAB. Allí, culminó su desarrollo por los mejores ingenieros de la Argentina, alcanzando una fortaleza sólo explicable por su insólita sencillez: solo consta de 33 piezas. Una versión de ese aparato hoy mueve gases de uranio en los ductos del Proyecto Sigma de Enriquecimiento de Uranio.

En el 2002, después de quince años de investigación y trabajo el ingeniero autodidacta Gustavo Labala presentó ante la prensa y las autoridades del Estado Mayor Conjunto una novedosa turbina aeronáutica la cual fue perfeccionada en los laboratorios del Centro Atómico Bariloche (CAB), que depende de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
La presentación tuvo lugar en dependencias del Centro Universitario de Aviación de Buenos Aires y contó con la asistencia del equipo de Labala, integrantes del grupo que dirigió en el Centro Atómico Bariloche el ingeniero Pablo Florido, directivos de INVAP y la CNEA, entre otras autoridades.

La turbina "turbogrupo GFL 2000" (del tamaño de una olla presión) rinde 200 caballos de fuerza, como un motor de avioneta. No obstante pesa cinco veces menos, ocupa menos de un cuarto de su volumen, usa un combustible tres veces más barato y aparentemente dura mucho más, aunque se ignora realmente cuanto. Hasta ahora funcionó unas 2.000 horas en el banco de pruebas del Centro Atómico Bariloche en optimo rendimiento. Esto permitió que sea homologado por la Fuerza Aérea Argentina para volar.

Los técnicos que lo probaron estiman que podrá funcionar perfectamente unas 5.000 horas, más del doble que un motor de pistón Cessna 182. Sostienen que la ventaja está en enorme fortaleza de la GFL, pues esta construida en forma sencilla con solo 33 piezas, casi todas de anaquel, mientras que los pistones o turbinas tradicionales llevan varios centenares de componentes.

Los expertos sostienen que un avión Cessna 182, equipado con esta turbina, puede despegar en solamente 50 metros y en una pendiente de 45 grados. Tradicionalmente, una avioneta de este tipo, con dos personas a bordo y tanques llenos suele tener una carrera de despegue de al menos 400 metros y se levanta en 12 grados. En su versión aeronáutica, alimentada con querosén, la turbina de Labala parece un producto destinado a reemplazar los motores de pistón de aviones cuya potencia esta por abajo de los 400 caballos de fuerza.

Características de la GFL 2000
La turbina pesa 50 kilogramos y tiene 300 caballos de fuerza (HP) y alcanza las 65.000 r.p.m. (revoluciones por minuto). Utiliza kerosene y si tenemos en cuenta que los motores a pistón lo hacen con nafta la diferencia de precios es cuatro veces menor, Además, el kerosene no contamina en esta turbina puesto que se quema a 12 mil grados y no queda nada en el aire, por eso es totalmente ecológica.

Otra característica es el precio. Labala calcula que se pueden vender 150 mil pesos (2002) y señala que una turbina a pistón con 450 HP, cuesta alrededor de 1 millón de pesos. También explicó, que los aviones con motores a pistón alcanzan de 7 a 10 mil pies y el que logra su turbina es de 25 mil pies de altura.

Única en el mundo
“No hay turbinas como estás en el mundo, porque la más pequeña de 400HP es muy voluminosa y no se puede adaptar en aviones livianos que tienen motor a pistón y pesan 170 kilos. Además, aquellos que compran estas unidades reciben un curso que les doy personalmente para que puedan, por sus propios medios arreglarla ante cualquier desperfecto. Esto es importante porque diseñé la turbina para que sea sencilla y eficiente, porque uno con los años se da cuenta que las cosas simples son las que funcionan”, destacó Labala.

El motor ya tiene varios años de pruebas y la CNEA cumplió con las 1400 horas de funcionamiento denominado TBO, vida útil de un motor a pistón, que oscila en esas horas. “También hice innovaciones en cuanto a la hélice que utiliza la turbina, ya que trabaja de manera automática: a medida que va acelerando le da paso y lo hace tan perfecto, que manualmente no se puede hacer bien de esta forma...”, aseguró Labala. El bajo peso de la GFL 2000 se lo debe a los materiales que la componen, denominados supermateriales.

Fuente: La Nación y Rio Negro.com
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