domingo, 16 de mayo de 2010

Fuerzas de Élite: Escuela de Condores de Bolivia (ESCONBOL)

Colaboración de nuestro amigo Jorge Lucio:

Disciplina, camaradería, valor... La Escuela de Cóndores forma cascos azules, satinadores y comandos. Su prestigio es internacional. Un arco de tres metros de alto da la bienvenida a Sanandita, primera sección de la provincia tarijeña de Yacuiba. Un escudo de Bolivia en la parte superior es la mayor señal de patriotismo de sus pobladores. Casi todas las casas son de madera. Tienen pequeñas ventanas a la izquierda y derecha para que cruce el aire fresco que viene desde una montaña que abraza el territorio.
El clima es variado. En las mañanas la temperatura no supera los 25 grados centígrados. En las tardes el sol la eleva hasta los 30. Una brisa templada acompaña la perplejidad serena del poblado en las noches y hace que los termómetros marquen 18 grados. En Sanandita no hay vigilantes pero sus dos mil habitantes se sienten seguros. Después de subir un kilómetro por un camino asfaltado de dos vías, se divisa la estatua de un cóndor. Un hacha rústica entre sus patas es el símbolo de la unidad militar que se encuentra en la zona.
“Lo mejor de lo mejor del Ejército Boliviano está aquí en la Escuela de Cóndores. La excelencia se forja en Sanandita”, sostiene orgulloso el mayor René Adolfo Suárez, uno de los instructores. Alabanza en boca propia suena a vituperio, señala un dicho popular. La Escuela de Cóndores de Sanandita puede darse esa licencia porque es una de las unidades militares de mayor prestigio en Bolivia y Latinoamérica. La disciplina, el sacrificio y el amor a la Patria son los emblemas de los oficiales que han decidido emprender el curso de excelencia militar para consagrarse como satinadores, comandos especiales y miembros de las fuerzas de paz.
La gente de Sanandita y de las comunidades aledañas no oculta la admiración que siente por ellos. Los llama rambos Bolivianos. El cuartel donde realizan sus prácticas se creó el 12 de octubre de 1980. Tiene una extensión de 14.000 hectáreas. En ese terruño funcionó la primera refinería petrolera de la República –1928–, convirtiendo a Sanandita en un villorio pujante. Cuando finalizó la explotación del oro negro la soledad y la miseria tomaron la aldea. El abandono se rindió cuando los cóndores Bolivianos llegaron e iniciaron el adiestramiento especializado. Han transcurrido 20 años. Más de 4.000 alumnos pasaron por este centro de entrenamiento. El 45 por ciento se graduó como satinador. A partir de 1987, a pedido de países amigos, la Escuela de Cóndores de Sanandita comenzó a recibir militares del exterior.
No es casualidad que en la promoción que se graduó el pasado 20 de julio –69 oficiales hayan figurado dos miembros de la Armada del Perú y uno del Ejército de Venezuela. Según los tenientes Peruanos Ricardo Fallaque Yauri y David Avanzini, la instrucción que recibieron es única en su género. Elis Rondón del Ejército venezolano destaca el compañerismo y la disciplina que prima entre los cóndores.

La exigencia física, técnica y táctica de los alumnos tiene como objetivo formar comandos militares capaces de intervenir en situaciones extremas –terrorismo, desastres naturales y atentados con explosivos con el máximo nivel de eficiencia. Y es que para un cóndor no hay límites ni imposibles. No le importa morir en el campo de batalla. Su riguroso entrenamiento con armas de guerra lo convierte en un soldado casi perfecto.
Durante los seis meses de adiestramiento los alumnos no salen de Sanandita. La jornada se inicia a las 04.00. Ejercicios para fortalecer las piernas, hombros, brazos y pectorales marcan la pauta de un día cualquiera. El tiempo para tomar el desayuno y bañarse nunca excede una hora. A las 09.30 se dirigen a los campos de entrenamiento. En la selva y el desierto chaqueño aprenden técnicas para atacar y contrarrestar al enemigo.
El cansancio es una palabra que no está en su vocabulario. Pueden recorrer cientos de metros en posición de combate –piernas y brazos al ras del suelo. Un cóndor controla sus movimientos de tal forma que no es detectado por sus adversarios. El camuflarse entre la maleza es otra de sus especialidades. No hay un tiempo determinado para que una misión concluya. El entrenamiento puede extenderse por más de 20 horas continuas en un solo día. El sueño no los vence. Atentos, esperan el momento oportuno para conseguir la victoria en un operativo. Una vez concluida la tarea regresan al patio principal de la Escuela de Cóndores, brindan informes y aguardan ansiosos un nuevo reto. En algunas ocasiones no pasan ni cinco horas después de una operación militar y vuelven al denominado Campo Salado.

En esta unidad los alumnos no desperdician el tiempo libre. Pintan la fachada de sus pabellones, ordenan sus cuartos, arreglan sus bicicletas, barren los corredores, limpian sus armas o leen un libro de instrucción militar. La camaradería es fundamental entre los cóndores. Para conseguir los objetivos es necesaria la cooperación y el trabajo en equipo, explica el comandante de la Escuela, coronel Gonzalo Suárez Selum. Sus palabras se transformaron en hechos el día de la graduación. En cada una de las pruebas que se efectuaron en el campo Salado el compañerismo les ayudó a concluirlas con gloria.
Las fuerzas de paz –cascos azules cercan en tiempo récord un área de 100 metros cuadrados. Cuatro francotiradores custodian las esquinas. 22 soldados que descienden de dos camionetas arman dos carpas. Una bandera azul anuncia su llegada. El operativo militar se realiza en menos de cuatro minutos. En otra prueba, un terrorista toma un rehén. Pide que lo dejen escapar. Ocho cóndores de las fuerzas especiales –antiterrorismo distraen al secuestrador. Visten uniformes de color negro y pasamontañas. Están armados con metralletas y se cubren con un escudo a prueba de balas. Al otro lado un francotirador apunta a la cabeza del pistolero –representada por un globo. El disparo es perfecto. La operación comando termina con éxito. Tanto los cascos azules como las fuerzas especiales cumplen sus misiones tal como fueron planeadas gracias a la combinación de camaradería y disciplina de los cóndores.

Las armas que utilizan los oficiales de la escuela son de procedencia israelí y estadounidense. En la demostración se usa parte del arsenal de la unidad militar con el fin de garantizar la seguridad del centro de entrenamiento y porque las normas que rigen en el Ejército así lo disponen.

Los rumores de que comandos entrenados en la Escuela de Cóndores formaron parte de la operación de intervención a la Embajada del Japón en Lima, en1997, no son confirmados ni negados. Las fechas de otras operaciones realizadas por militares adiestrados en Sanandita tampoco son proporcionadas. Se trata de información secreta. El presupuesto con el que funciona esta unidad viene del Estado. El general Herland Vhiestrox asegura que no hay donaciones de países.

CURSO DE SATINADORES:
"Somos la aurora y la noche, la tempestad y la calma, la mansedumbre y la carniceria....."
Este curso tiene la finalidad de capacitar, tecnificar y especializar al personal de cuadros del Ejército para realizar operaciones subsidiarias “COMANDO” (OPERACIONES DE SATINAJE) conformando patrullas que operen en un ambiente convencional y no convencional. Este entrenamiento culmina con la adquisición de las siguientes especialidades complementarias: buzo táctico, francotirador, antiterrorismo y montañismo.


Fuentes: http://www.foros.net/viewtopic.php?t=117&mforum=FuerzasArmadas y
http://www.ejercito.mil.bo/
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