viernes, 30 de octubre de 2015

La táctica del miedo, recurso extremo

Por Ricardo Kirschbaum (Clarin.com) - Del editor al lector
Scioli no fue nombrado por la Presidenta. El candidato no estuvo en el acto endogámico que hizo Cristina en la Rosada.

Cristina Kirchner asumió ayer la jefatura de la campaña electoral de Daniel Scioli, aunque el candidato oficialista ni estuvo en el salón de la Casa Rosada ni fue mencionado una vez por la Presidenta. Más aún: le refrescó que deberá ir al balotaje mientras que ella fue la candidata que, después de Perón, obtuvo la mayor cantidad de votos.

No faltó a la verdad, pero Cristina sabía lo que decía y a quién se lo decía. La Presidenta es coherente: Scioli no es el candidato que le gusta pero es lo que hay. Pero Scioli es también la expresión de lo que ella no quiso ni supo construir, porque creyó que se quedaría. Dijo que hay que votar para sostener las políticas que ella desarrolló, describiendo una realidad que tiene mucho de fantasía y de relato, y que para eso no se debe votar otro proyecto.

Desplegó toda la artillería posible para reforzar la idea de que una derrota es retroceder en todo sentido, ironizando sobre las contradicciones en la historia de Macri. El intento de polarizar al máximo, sembrando miedo sobre la pérdida de derechos, fue el reconocimiento de que una derrota electoral está más cerca que lejos.

En su enfervorizado discurso, Cristina declaró que respeta a rajatabla la voluntad popular, felicitando a María Eugenia Vidal, que derrotó Aníbal Fernández, candidato del kirchnerismo más puro, y al esposo de la nueva gobernadora bonaerense, que fue el verdugo electoral de Sabbatella, el frustrado aspirante a vicegobernador. Fue una ironía, también, aludir a que un matrimonio del PRO aparecía en el firmamento político de la Provincia.

Scioli no estuvo entre la audiencia y, por primera vez, fue una novedad. Estuvo en Tucumán en el acto de asunción de Manzur. Justamente allí el proyecto oficialista comenzó a encallar cuando se puso en tela de juicio un sistema de manipulación política para adecuar la voluntad popular, y no el voto, como la Presidenta quiso plantear. El candidato del FpV se abrazó primero con Aníbal, con quien había sellado una tregua la noche anterior, y se mostraron públicamente juntos.

Scioli no puede regalar nada a esta altura pero el gesto de “reconciliación” con Fernández, cuya candidatura fue el error político más serio de la Presidenta, no le agrega sino le sigue restando. Es que el humor de la sociedad no puede ser encajado en la interna peronista y confundir así la realidad electoral del domingo pasado. Es un acto de subestimación del votante pensar que la derrota en Buenos Aires fue solo producto de la “traición”.

Si esa es la conclusión, el diagnóstico pronostica nuevos problemas que la táctica de meter miedo como último recurso, que se inició ayer, puede ser inútil.

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