jueves, 16 de febrero de 2017

No nos acostumbremos a que la basura forme parte del paisaje

Editorial del diario La Nación
Los residuos desperdigados por calles y rutas hablan mucho de quienes los tiran, de su desaprensión y de su falta de interés por el cuidado del planeta
Octubre de 2013, en La Matanza, una triste imagen que ha empeorado en muchísimas otras calles, caminos y rutas del país
Octubre de 2013, en La Matanza, una triste imagen que ha empeorado en muchísimas otras calles, caminos y rutas del país. Foto: Archivo / Ricardo Pristupluk

Muchos coincidiremos en que uno de los tantos indicadores del nivel de educación de una sociedad puede observarse en el manejo y la disposición de los residuos de todo tipo que la cultura del descarte ha visto aumentar exponencialmente en las últimas décadas.

Es también cierto que el más prolijo ciudadano, habitante de un hogar limpio y organizado, puede transformarse en un impresentable marrano a juzgar por sus conductas en la vía pública. Nos cansamos de ver cómo se arrojan papeles, envases y colillas desde las ventanillas de autos y medios de transporte. Ni hablar de la conducta de peatones que desoyen su obligación de no sumar contaminación a la ciudad de todos, quienes con desparpajo, faltando claramente el respeto a sus conciudadanos, arrojan a su paso todo aquello que jamás tirarían en el piso de sus casas. Y se ofenden si alguien se lo señala.

Cuanto más impersonal el ámbito, más groseros la actitud y el comportamiento. Para muchos, esto es así: inversamente proporcional a las probabilidades de ser señalado o identificado, en el caso de quien puede aún tener conciencia de que está obrando mal. Nos referimos al que arroja apósitos al aire y luz de un edificio para que aterricen en patios o techos de vecinos, pasando por el que tira botellas de vidrio o latas a las veredas, hasta aquellos que son capaces de convertir una ruta en un basural al que cientos de pasantes suman su desconsiderado aporte. La basura no habla, pero dice mucho.

En nuestra Patagonia, hay una dolorosa imagen que se repite hasta el cansancio. Nuestro extenso y escasamente poblado territorio nos permite atravesar kilómetros y kilómetros de yermas estepas. Un paisaje de aislamiento en el que los alambrados, con bolsas de residuos enganchadas luego de volar quién sabe qué distancias, son una constante, igual que los pequeños arbustos que han obstaculizado su interminable viaje para anclarlas al paisaje, algunas descoloridas ya por el transcurso del tiempo, pero con mucha resistencia, puesto que sólo el 5% son biodegradables, esto es que su supervivencia rondaría los 150 años.

Nuestros vecinos uruguayos, bastante más prolijos que nosotros, reciben cada año más de tres millones de turistas y han comprobado que, por lo general, son mucho menos cuidadosos que los locales. Por este motivo, promueven una campaña dirigida a recordar a quienes transitan por sus rutas la importancia de contribuir a su cuidado, evitando descartar hasta los aparentemente más inofensivos elementos que el transcurso del tiempo, el sol, la lluvia o los animales esparcirán por doquier, incluso originando incendios potencialmente peligrosos. Han llegado a instalar cámaras para detectar basura arrojada de forma ilegal, con multas para los infractores y cartelería acorde.

Sería para celebrar que una cruzada similar poblara nuestras rutas y playas con advertencias y recordatorios. Muchos lugares de veraneo colapsan de residuos, pues faltan no sólo recipientes y contenedores, sino, sobre todo, educación e información sobre los letales efectos contaminantes de los desechos cuando no hay una gestión integrada.

En la actual temporada se han visto tristes imágenes de playas luego de festivos encuentros juveniles: un extenso corredor de botellas, latas, papeles, cigarrillos y otros desperdicios esparcidos en una larga franja cercana al agua, que esperaban que fuera el propio mar el que "lavara" las arenas, cargándose de peligrosa contaminación. Lamentablemente, muchos de esos jóvenes se autoproclaman en favor de la ecología y la protección del ambiente, pero a la hora de cuidar el entorno son capaces de dejar un mugriento tendal. Nuestro planeta no resiste ya tamañas desaprensiones. La basura a la basura, separándola convenientemente y trabajando entre todos por el planeta que heredarán nuestros hijos.

Sugerencia: Efectuar un convenio con pequeñas empresas y cooperativas para la recolección libre de basura en la zona de influencia, mediante el pago por kilogramos recogidos en el momento de la disposición final...
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