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viernes, 8 de diciembre de 2017

¿Cómo nos afectan los conflictos?

Resultado de imagen para Rosendo FragaPor Rosendo Fraga - Clarin.com
"Tendencias Globales” es un informe que realiza el Consejo Nacional de Inteligencia (CIN) de los EE.UU. definiendo el mundo como será dieciocho años más adelante, presentando este año el de 2035. El organismo define la visión de largo plazo sobre la cual los servicios de inteligencia, y en alguna medida la Administración en su conjunto, definen sus estrategias. Se presenta coincidiendo con el cambio de Administración y el reciente es el sexto.

Presenta como síntesis del futuro: los ricos están envejeciendo, los pobres no; la economía mundial está cambiando y el débil crecimiento persistirá en el corto plazo; la tecnología está acelerando el progreso, pero está causando conflictos y discontinuidades; ideas e identidades están impulsando una ola de conflictos de exclusión, dentro y fuera de los estados; gobernar es y será más difícil; la naturaleza del conflicto está cambiando, a los estados les será cada vez más difícil dar prosperidad y seguridad a sus sociedades y los temas de cambio climático, medio ambiente y salud requerirán mayor atención.

En la visión del CIN, “entre los estados, el momento unipolar de la posguerra ha pasado y las reglas post-1945 basadas en el orden internacional pueden desvanecerse también”.

Define una serie de tendencias que “transforman el paisaje global”. Sostiene que convergerán a una velocidad sin precedentes en los próximos veinte años, aumentarán número y complejidad de cuestiones, como ataques cibernéticos, terrorismo y condiciones climáticas extremas.

Los cambios tecnológicos tensionarán el trabajo, el bienestar y la estabilidad social. Dichas tendencias son: 
a) Los países ricos, están envejeciendo, los pobres no. 
b) Los patrones laborales y de bienestar van a cambiar drásticamente, tanto en los países de rápido envejecimiento, como en los crónicamente jóvenes, donde los conflictos serán mayores. 
c) La urbanización aumentará y para 2050 dos tercios de la población vivirán en ciudades. La gente en edad de trabajar crecerá más en África y Asia Meridional y especialmente en la India y bajará en Europa y China. 
d) Aumentará el movimiento de las poblaciones y seguirá siendo alto durante las próximas dos décadas. Hoy los migrantes internacionales son 244 millones y los desplazados 65. 
e) Aumentará el porcentaje de hombres sobre la población, incrementándose el aborto selectivo. Esta tendencia se destaca en India, China y Asia Oriental. 
f) La economía global está cambiando; países desarrollados y en desarrollo serán presionados para identificar nuevos servicios, sectores y ocupaciones para reemplazar los que sustituye la industria automatizada y otras tecnologías. 
g) Desde 1990, la pobreza extrema ha bajado del 35 al 10%, pero salir de la pobreza aumenta expectativas y ansiedades sobre el futuro 
h) Las clases medias seguirán siendo castigadas, con salarios estancados en EE.UU. y Europa, para aumentar la rentabilidad y la competitividad.

Sostiene que “las crisis financieras, la erosión de la clase media y la mayor conciencia pública de la desigualdad de ingresos han alimentado el sentimiento en Occidente de que los costos de la liberalización del comercio superan los beneficios”.

Agrega que la tecnología complica las perspectivas de largo plazo, disminuyendo la población en edad de trabajar y al mismo tiempo, habrá que lidiar con la disminución de puestos de trabajo. La automatización, la inteligencia artificial y otras innovaciones amenazan la existencia de vastas franjas de trabajo, incluyendo en la fabricación de alta tecnología y los trabajadores de “cuello blanco”. Cada vez será más difícil aumentar la productividad en los países ricos y se desvanecen los efectos “post-1945” que la impulsaron, el crecimiento demográfico, la mejora de la eficiencia y la inversión. Por el estancamiento salarial, los recursos fiscales basados en el ingreso personal crecerán menos que la economía.

Un mundo interconectado continuará aumentando, y no reduciendo, las diferencias sobre ideas e identidades. Considera que el populismo aumentará en las próximas dos décadas si se mantienen las actuales tendencias demográficas, económicas y de gobernabilidad. Aumentará también la tendencia a los conflictos de exclusión por identidades nacionales y religiosas, a medida que la interacción entre tecnología y cultura se acelere.

Los líderes políticos recurrirán cada vez más a la identidad para movilizar partidarios y consolidar el poder político. Se seguirán erosionando las tradiciones de diversidad y tolerancia asociadas a EE.UU. y Europa, amenazando el atractivo de sus ideales. China y Rusia tratarán de afianzar su control autoritario, usando para ello el nacionalismo y la supuesta amenaza de Occidente, impulsando también conflictos de identidad y tensiones entre etnias y comunidades en África, Oriente Medio y Asia del Sur.

La “Paradoja del Progreso” es el título del documento, que finaliza planteando que para enfrentar estos desafíos, los países deberán invertir en infraestructura, conocimiento y relaciones que les permitan manejar los impactos ya sean económicos, ambientales, sociales o cibernéticos. En el caso concreto de Argentina, los conflictos por la “identidad” que se mencionan, ya tienen una manifestación con el problema mapuche. La necesidad de invertir en conocimiento, implica que no sólo puede dejarse librado a los emprendedores resolverlo, sino que implica por parte del Estado reforzar su rol en áreas donde nuestro país tiene ventaja en la región, como es la tecnología nuclear y satelital. Invertir en infraestructura, implica un plan de largo plazo, dando prioridad a la articulación Atlántico-Pacífico y las vías transversales a lo largo de América del Sur.

La inversión en relaciones, implica una renovada visión hacia los países medianos, donde se están dando grandes transformaciones y la Argentina tiene un amplio campo de posibilidades. Se debe asumir también que el espacio, el mar y los polos, serán áreas de creciente conflicto geopolítico y esto es relevante para los intereses argentinos de largo plazo.

Rosendo Fraga es presidente del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

martes, 5 de diciembre de 2017

The Economist y un duro artículo sobre la falta de inversión militar en la Argentina: "Despilfarro y corrupción"

(Infobae.com) - La tragedia del submarino ARA San Juan, en la que 44 marinos perdieron la vida, causó una fuerte repercusión a nivel mundial. Muestra de ello fue una nota publicada por el prestigioso semanario británico The Economist, en la que cuestionó la falta de inversión militar en la Argentina y describió cómo afecta ese hecho la defensa del territorio nacional.
Para la publicación, lo ocurrido con la embarcación "es una tragedia que llama a repensar las fuerzas armadas". En ese sentido, sostiene que el "despilfarro, la corrupción y la austeridad son plagas dentro del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea".

"La aparente tragedia generó un debate sobre el papel de los 105 mil miembros de las las fuerzas armadas de Argentina y el dinero gastado en ellas. Desde el final de la dictadura militar en 1983, un año después del intento fallido de arrebatar a la fuerza las Islas Malvinas a Gran Bretaña, los gobiernos redujeron el gasto militar". De acuerdo con los datos reflejados por el semanario, la inversión cayó del 3,5% del PIB en 1978 a menos del 1% el año pasado. "Argentina gasta una porción menor que cualquiera de sus vecinos en sus fuerzas armadas", añadió.

Señala que el Ministerio de Defensa gasta alrededor del 70% de su presupuesto en salarios y pensiones, mientras que en los Estados Unidos, solo un tercio se destina al personal. "La Argentina complica su tacañería con ineficiencia: el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea tienen bases separadas en la Antártida", ejemplificó.
El gasto militar en Sudamérica (The Economist)
El gasto militar en Sudamérica (The Economist)

En su análisis, The Economist no da lugar a eufemismos y es lapidario. Asegura que "la austeridad causa a menudo papelones". Para reflejar esta situación, recordó algunas fallas en materia de defensa. "En 2013, el destructor Santísima Trinidad se desplomó en el puerto y la marina tardó tres años en reflotarlo. En 2014, la flota submarina pasó solo 19 horas bajo el agua, mientras que en 2015, los aviones de combate Mirage no pudieron volar en días nublados debido a problemas con sus instrumentos". Incluso sostiene que el próximo año, cuando Argentina sea sede del G20, podría alquilarle aviones de combate a Brasil.

Reflejó entre varios temas los contrapuntos entre el Gobierno y la Armada en cuanto al estado del ARA San Juan y recordó cuando en 2011, después de una revisión general, la entonces presidente Cristina Kirchner declaró que el submarino estaba apto para "otros 30 años de servicio". "Sin embargo, una investigación del Ministerio de Defensa sugiere que el proceso de licitación para el contrato de reemplazo de baterías contenía "irregularidades" para favorecer a ciertos proveedores", detalló el semanario.

Señaló también que, a partir de lo ocurrido, "los argentinos saben que las fuerzas armadas necesitan una renovación, aunque no se ponen de acuerdo en cómo llevarla a cabo".

"El armamento de la era de la Guerra Fría de la Argentina está diseñado para contrarrestar amenazas convencionales que ya no existen. A pesar del ruido de sables, la señora Fernández (de Kirchner) persiguió su reclamo a las Islas Falkland (Malvinas) a través de la diplomacia. Además, Argentina está en buenos términos con sus vecinos; en 1985, Raúl Alfonsín, entonces presidente, firmó un "tratado de paz y amistad" con Chile, poniendo fin a una larga disputa fronteriza. También el riesgo de conflicto con Brasil se redujo con la creación de Mercosur", agregó.

En ese sentido, la publicación asegura que "la mayoría de los expertos en defensa coinciden en que Argentina, el octavo país más grande del mundo en cuanto al territorio, necesita aviones de combate, barcos y submarinos para disuadir a posibles enemigos". "Las fuerzas armadas también deben lidiar con el tráfico de drogas, el terrorismo y la pesca ilegal. Eso requeriría un cambio en la ley", aseveró.

Para el periódico, expandir el papel de las fuerzas armadas "podría requerir un gasto más alto de lo que el Gobierno puede pagar". Remarca que está tratando de reducir el déficit fiscal, que fue del 4,6% del PBI el año pasado antes del pago los vencimientos de la deuda. "La búsqueda del San Juan continúa. La búsqueda de una estrategia militar y las fuerzas armadas para igualarla llevará más tiempo", finalizó.

lunes, 4 de diciembre de 2017

El ARA San Juan selló su suerte en la Guerra de las Malvinas

Por Patricia Lee Wynne - Sputnik Mundo
El ARA San Juan yace en el fondo del Atlántico Sur porque la OTAN, Estados Unidos y Gran Bretaña nunca perdonaron a Argentina la Guerra de las Malvinas de 1982.
Submarinos argentinos ARA San Juan, ARA Salta y ARA Santa Cruz (archivo)
Para Margaret Thatcher y Ronald Reagan fue inaceptable que un país en desarrollo reivindicara la soberanía de una parte de su territorio y de su plataforma continental, en uno de los muy contados rezagos coloniales que perviven.

Por eso respondieron con las armas. Estados Unidos rompió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) que obligaba a los Estados del continente a defenderse entre sí de una potencia extraregional, para apoyar al Reino Unido, su aliado de la OTAN.

Ciertamente, la recuperación de las Malvinas fue una maniobra desesperada de una dictadura militar sangrienta y desprestigiada. La Junta pensó que Estados Unidos la apoyaría en agradecimiento por su contribución para entrenar a los 'contras' que combatían al Gobierno sandinista en Nicaragua.

La guerra no era inevitable. Londres pudo buscar una salida negociada tal como exigió la ONU en numerosas oportunidades. Pero había que escarmentar la osadía para que nunca nadie más se atreviera.

Argentina fue derrotada a pesar de la justicia del reclamo de soberanía y del apoyo y solidaridad latinoamericanos y también de la Unión Soviética, como lo demostró el periodista Serguéi Brilev.
Pero sus soldados, aviadores y marinos le propinaron a las fuerzas británicas daños como ningún otro Ejército del mundo lo hizo desde la Segunda Guerra Mundial. 24 barcos dejados fuera de combate, sin hablar de los datos que se mantendrán secretos hasta 2072 para ocultar la vergüenza que sufrió la real Corona.

Desde entonces, las Fuerzas Armadas argentinas fueron reducidas a su mínima expresión. Fue un propósito explícito de Estados Unidos y el Reino Unido, acompañado desde los Gobiernos argentinos de los últimos 35 años.

El octavo país más grande del mundo, con una superficie marítima igual o superior a su área continental, con las mayores reservas ictícolas del planeta, además de petróleo y otros ricos recursos, con una de las llanuras más productivas del mundo, no tiene cómo defenderse.

Los aviones con droga surcan los aires desde el norte sin que haya radares para encontrarlos. Los barcos chinos y de otros países se roban la riqueza del Océano, sin que puedan ser detenidos. "Después de un periodo significativo de declinación, Argentina ha dejado de ser una fuerza militar operativa", tituló la publicación inglesa UK Defense Journal. "La Fuerza Aérea retiró sus Mirage y confirmó que todos los Lockheed Martin A-4AR Skyhawk fighters están en tierra y no serán reemplazados en el futuro inmediato", agrega la publicación. Las tripulaciones de submarinos necesitan por lo menos 190 días de inmersión por año y en 2014 solo tuvieron 19 días, continúa.

Según un análisis de IHS Janes, citado en la nota, "la Fuerza Aérea es una colección de aviones viejos de los años setenta que frecuentemente están en tierra por su baja operatividad". Argentina habría intentado comprar aviones Gripen de Suecia vía Brasil, pero fue vetada por el Reino Unido, que produce una gran parte de los componentes de la nave, continúa la publicación.

El 23 de noviembre, Janes.com publicó un artículo titulado: "La emergencia del submarino expone las limitaciones de operabilidad de Argentina", en el cual resalta que "varias plataformas aéreas y marítimas del inventario argentino están fuera de servicio, con presupuestos vaciados que llevan a la falta de repuesto y mantenimiento".

Citando a fuentes militares locales, la publicación destaca que la Armada tiene sus cuatro aviones de patrullaje P-3B fuera de servicio, y que el único avión con un detector de anomalías magnéticas (DAM) capaz de detectar submarinos bajo el agua es un S-2T Turbo Tracker, que volvió al servicio en 2016 tras pasar varios años en tierra.

Cuando el país se prepara para recibir la Cumbre del G20 en 2018, los submarinos se hunden y los aviones no vuelan. 

Más grave aún, desde 1982, los británicos no sólo están en posesión de las Malvinas, sino que ocupan millones de kilómetros cuadrados del territorio marítimo argentino, explotando los recursos pesqueros que no les pertenecen y avanzando en la exploración de hidrocarburos. Todo esto defendido desde la base de la OTAN en Monte Agradable, con submarinos nucleares controlando el camino hacia la Antártida, el objetivo final. Por eso se hundió el ARA San Juan.

Pero el submarino llego a nuestras aguas en 1985...Humm

sábado, 2 de diciembre de 2017

Juan Battaleme: “Nadie pondría a trabajar a un periodista con una Commodore 64, pero hacemos eso irresponsablemente con nuestra defensa”

Resultado de imagen para Juan BattalemePor Claudia Peiró - cpeiro@infobae.com  (Infobae.com) - “Nuestra aviación es de museo”, afirma este especialista que, en entrevista con Infobae, describe no sólo el desarme material sino también el "psicológico" que sufrieron nuestras Fuerzas Armadas

"La lógica menemista era 'ramal que para, ramal que cierra'; la kirchnerista, avión que no puede volar, avión que no se reemplaza", sostiene Juan Battaleme. Y parece que sólo frente a la emergencia y la tragedia se debaten en Argentina temas que deberían estar en un lugar prioritario de la agenda. En especial los que necesitan políticas de largo aliento. "La defensa de 2030 se empieza a construir en el 2017", dice.

Qué misión darles a las Fuerzas Armadas, cómo devolverles capacidades y modernizarlas y cómo superar una larga etapa de "desarme psicológico", durante la cual se intentó destruir el ethos militar, su misma razón de ser, son algunos de los temas abordados en este diálogo con Infobae por el politólogo Juan Battaleme, profesor en Ciencias Políticas de la UBA, especialista en defensa, política exterior y ciberseguridad.

— Como suele pasarnos, son las crisis, o conmociones como la pérdida del ARA San Juan, las que nos conminan a debatir temas estratégicos que deberían estar en agenda; en este caso, el papel de las Fuerzas Armadas y qué defensa debe tener la Argentina. ¿Cuál es su análisis al respecto?

— Una de las cuestiones más importantes es volver a trabajar la misión de las Fuerzas Armadas en la República Argentina. Y esa misión está centrada principalmente por lo que entendamos en términos de integridad territorial. Esto es: espacio marítimo y espacio aéreo principalmente, que son las dos grandes vulnerabilidades que no se atendieron y que hoy quedan muy claras. Son crisis que también implican oportunidades, porque van a permitir repensar la modernidad tecnológica y el salto profesional necesarios para recuperar las capacidades que hemos ido perdiendo. El Ejército terrestre también debe repensarse en función de que hoy por hoy vivimos una paz sudamericana y tenemos una excelente relación con los vecinos; eso permite poner la prioridad en la Armada y en la Fuerza Aérea, los dos componentes militares más importantes en la actualidad.

— Podríamos decir que no existe sobre la Argentina una amenaza inmediata de invasión territorial. Pero sí existe, por ejemplo, depredación de nuestro mar, de nuestra riqueza ictícola, sobre lo cual tenemos poco control y ni siquiera está claro si tenemos información. ¿A eso se refiere, a cuidar nuestra riqueza?

— Sí, no solamente cuidar nuestra riqueza sino justamente saber lo que pasa en el fondo marítimo, quién transita, y también en nuestro espacio aéreo. Hoy hay capacidades tecnológicas aéreas que, si entran, no las detectamos por ejemplo. Y no hablo solamente de avionetas, que comúnmente se utilizan para el contrabando, sino por ejemplo de la capacidad de determinados aviones para hacer inteligencia electrónica. Nuestros vecinos, entre los que incluyo a Gran Bretaña, tienen la capacidad de recoger señales de las comunicaciones en la República Argentina de la que no tenemos conciencia plena. Es importante saber qué pasa y estar alertas a nuestro entorno. Los aviones P8 que trajo Estados Unidos son lo más moderno en términos de capacidades submarinas. Los utilizan para monitorear submarinos chinos, rusos… En este momento nos están ayudando a buscar el ARA San Juan. Pero si nosotros hubiésemos tenido lo que se conoce como capacidad antisubmarina, no digo el P8 porque es un avión caro, pero los seis P3 que en algún momento tuvimos, en condiciones operativas, tal vez hubiéramos podido tener nosotros una idea más rápida de lo que pasaba. Algo central para la defensa.

— En cuanto a las Fuerzas Armadas, en los 90 se terminaron las rebeliones y hubo una importante subordinación y hasta integración a la sociedad. Pero del 2003 para acá se reinstalaron los años 70 y hubo un arco de actitudes que fueron de la indiferencia al desprecio por parte del poder político…

— No toda la política despreció a las Fuerzas Armadas. Por otro lado, parte de las Fuerzas Armadas, un grupo de oficiales, se identificó con un proyecto político determinado. Eso fue negativo y le dio una gravitación mayor al Ejército…

— ¿Usted se refiere al último período del kirchnerismo?

— Sí. Eso también traccionó gastos. O sea, le dio relevancia al Ejército siendo que técnicamente tenemos un orden territorial relativamente establecido en detrimento de la Armada y la Fuerza Aérea. Alguien podría decir que la última gran compra de la Armada fueron cinco buques rusos, usados, porque seguimos con esta lógica de usados, pero lo cierto es que eran para la campaña antártica porque veníamos con serios problemas de comunicaciones. Pero más allá de eso, la preeminencia la tuvo el Ejército, algo a discutir en esta nueva etapa.

— ¿Hay conciencia de la necesidad de esta discusión?

— Creo que hay un grupo importante de políticos dentro del Congreso y en el Ejecutivo nacional que entienden para qué están los militares. La pregunta es qué grado de prioridad les dan. Eso es lo relevante. Tal vez esta desgracia del ARA San Juan permita discutir prioridades, porque en la Argentina ha habido una mala discusión, una pobre discusión, acerca de las prioridades en materia de políticas públicas. La defensa está integrada a la política exterior. Y la inserción internacional de la Argentina está vinculada a la defensa.  La década en la que más se ajustó no fueron sólo los 90, sino la que siguió, cuando consumimos todo el stock de capital militar

— ¿Es cierto que Argentina tiene el tercer presupuesto en defensa de América Latina? ¿Tenemos un problema de presupuesto o de atribución del gasto? 

Es un error de lectura porque las fuentes que se suelen tomar sobre gasto militar incluyen a Gendarmería y Prefectura. Casi la mitad de ese gasto informado, que es del orden de los 7 mil millones de dólares, corresponde a esas fuerzas de seguridad. Desglosado eso, son menos de 4 mil millones de dólares de presupuesto. Entonces, punto número uno, hay un problema de recursos, ese 0,9 por ciento del presupuesto total no es suficiente. Punto número dos: hay un gasto que se puede optimizar, y algo de eso dijo el ministro de Defensa, Oscar Aguad, al decir que no puede haber lugar para dos fuerzas aéreas; hay que tratar de optimizar el gasto. Pero que esa racionalización no signifique ajuste. Hay que decir que la época en la que más se ajustó no fueron sólo los 90, sino la década que siguió, cuando nos consumimos todo el stock de capital militar. El kirchnerismo tuvo la misma lógica menemista: "ramal que para, ramal que cierra" fue avión que no puede volar avión que cae y no se reemplaza. Eso es malo para nosotros como país y es una mala imagen en términos de poder blando.

— ¿Es real, como dijo el ex ministro de Defensa Julio Martínez, que se perdieron cien aviones durante la etapa kirchnerista?

— Totalmente.

— ¿Qué significa exactamente, están parados, fueron desguazados?

— Que la Fuerza Aérea no tiene los recursos para ponerlos a volar. Y aun cuando los pusiera a volar está poniendo a volar piezas de museo. ¿Puedo dar un ejemplo muy concreto? Muchos se acordarán de las viejas computadoras Commodore 64, con las que nos iniciamos en el mundo de la informática. Bueno, yo puedo conectar cincuenta Commodore 64 y decir que tengo cyberdefensa. Todos sabemos que son piezas de museo. Del mismo modo, puedo tener volando un Spitfire, o un Gloster Meteor, pero siguen siendo piezas de museo. Nuestra aviación es pieza de museo. El A4, el benemérito A4 que es orgullo de la Fuerza Aérea, y que en 1982 junto con el Super Etendard y los Mirage fueron el dolor de cabeza de los británicos, hoy no tendría chances contra un solo Eurofighter. Eso hay que comunicarlo bien, no tienen chances, nuestros pilotos vuelan piezas de museo. Eso atenta contra el profesionalismo de nuestros pilotos, impide darle a alguien que tiene la vocación por esta carrera la posibilidad de entrenarse con lo mejor. Nadie pondría en una redacción a trabajar a un periodista con una Commodore 64 que no se puede conectar a internet. Bueno, nosotros hacemos eso de manera irresponsable con nuestra estructura de defensa.

— La formación, ¿sigue siendo de un nivel aceptable?

— La formación de los pilotos sigue siendo buena. Algo interesante que ha hecho tanto la Escuela de Guerra aérea, como la del Ejército, es tratar de mantenerlos informados de por dónde va el mundo. Por supuesto veo muchas limitaciones. Además, en la década pasada se trató de destruir el ethos militar. En esta pelea, por decirlo de algún modo, entre (Samuel) Huntington y (Morris) Janowitz -que son los pensadores de las relaciones cívico militares- se trató de bajar la idea del soldado profesional y pasar a la del soldado ciudadano, que era la idea que tenía la gente que rearmó los planes de estudio. Igualmente los militares supieron encontrarle la vuelta para poder seguir actualizados, saber qué estaba pasando en el mundo. Una de las grandes cuestiones que lograron conservar fue la de enviar oficiales, aunque en menor medida, al extranjero, a actualizarse.

— Recuerdo un dato extravagante: la funcionaria que reelaboró los programas de formación de los militares durante la gestión de Néstor Kirchner era una antropóloga…

— Exactamente. Un excelente académico argentino, Alejandro Corbacho, escribió sobre el desarme psicológico. Y justamente lo que intentó hacer esta gente, esa antropóloga [N. de la R: Sabina Frederic], fue romper con el ethos militar, vaciarlo de sentido. O sea, primero decirles "ustedes son malos por naturaleza". Luego, dentro de ese nivel de ideologización de la política de defensa, el decreto 727 decía que los militares tenían que prepararse para una amenaza externa de origen estatal y al mismo tiempo que no había hipótesis de conflicto; por lo tanto los vaciaban de sentido. Fíjese la contradicción: no hay hipótesis de conflicto pero hay que prepararse para una amenaza externa. Entonces para qué los están preparando. Intentaron con fórceps vaciar el ethos militar, decir "ustedes no son militares, son ciudadanos que portan uniforme". Desgraciadamente gente que no sabía, pero que estaba orientada ideológicamente, trató de romper la estructura militar. Algunas cosas las lograron hacer, otras por suerte quedaron a mitad de camino.

— Si se quisiera reequipar y modernizar a las Fuerzas Armadas, ¿cuánto tiempo se necesitaría? ¿Cuánto para que estén en condiciones de cumplir una misión?

— Es la pregunta clave, porque no solo es una cuestión de qué compro sino en qué tiempo lo tendré operativo. El hecho de que el sistema internacional nos ayude y que nuestra posición geográfica nos ayude nos permite ganar tiempo. De todos modos hemos perdido mucho tiempo; el fin de la Guerra Fría o el post 11 de septiembre han sido oportunidades para la modernización. Ahora nos encontramos con un sistema que cumple con la misión primaria de manera muy, muy, limitada. Creo que existe la intención de tener lo que antes eran fragatas, patrulleros de alta mar; eso lleva tiempo, son políticas de Estado porque, desde que uno decide incorporar, asignar el presupuesto, tener los buques, recibirlos, etcétera, no hablamos de menos de quince años. Para tener, digamos, cinco buques modernos. Por poner un número, pero es el poder político el que debe fijar el número, asesorándose con los mismos militares.

— ¿Qué es lo más urgente?

Volver a tener transporte pesado, que aparte es importante para misiones de paz, para asistencia a los desafíos climáticos. La aviación de transporte. Como los helicópteros de transporte pesado que se perdieron en Malvinas, los Chinook. Algo de eso se hizo. La Fuerza Aérea fue inteligente, logró recuperar los MI 17. Eventualmente tener un buen reactor de combate polivalente, porque ya no es solamente superioridad aérea o ataque a tierra, que es un poco lo que a mi criterio se hace con esta compra del Super Etendard, pero que no terminará satisfaciendo a nadie: estamos, de vuelta, ni siquiera recuperando una capacidad, apenas incorporando algo para que los pilotos vuelen, una especie de transición.

— ¿Se refiere a esta última compra a Dassault?

— Exactamente, cinco aviones que les van a permitir a los pilotos volar un avión a reacción pero que están lejos de ser el estado del arte. Pensemos que estos aviones fueron reemplazos por los Rafale y los últimos Super Etendard que entraron en misión fueron los de la operación franco británica en Libia en 2011.  Creo que el Ejército será la fuerza menos prioritaria en un futuro. No es que esto lo va a afectar, pero va a tener que operar en lógicas diferentes. Por ejemplo, hay que revisar la idea de modernización de los tanques, tal vez necesitamos vehículos de transporte oruga 8×8; no sé, estoy reflexionando con usted. Pero ciertamente esta recuperación deberá ser escalonada. Hay que ser inteligentes para no generar rispideces, aunque ninguno de nuestros vecinos debería preocuparse por nosotros porque como otras naciones democráticas se modernizaron también nosotros entraremos en un proceso de modernización muy grande y muy interesante siguiendo una premisa básica, liberal y sana, que las democracias pueden no guerrear entre sí pero tampoco se van a desarmar. Que es lo que hizo la Argentina, un experimento raro para el tipo de país que somos.

— Ahora bien, suponiendo que se tome la decisión política hoy, ¿necesitamos 20 años más o menos?

— La defensa del 2030 se empieza a construir en el 2017, 2018.

— Los avances tecnológicos, los drones por ejemplo, ¿abaratan o encarecen una modernización?

— Depende. Una de las cuestiones hacia donde están yendo todos los ejércitos occidentales, inclusive nuestros vecinos, es la conectividad aire – mar – tierra, cómo las unidades de mar, de aire y de tierra se conectan entre sí. Eso va a demandar una mejor conciencia de nuestro entorno, de nuestro ciberespacio y del rol de la defensa dentro de ese ciberespacio. Ahora, hay sistemas que son caros, como el (avión de combate) F35. Ninguna fuerza aérea está abandonando los aviones con pilotos. En un futuro relativamente cercano, 2030, eso puede cambiar, y de hecho aparecen los UCAV [N. de la R: vehículo aéreo de combate no tripulado], pero es una discusión que para Argentina parece ciencia ficción, como la de transferirle o no a los robots la capacidad de matar… Ahora bien, la Argentina podría hacer patrullaje marítimo con drones de mediana altitud. Pero durante diez años hablamos de drones, todas las fuerzas desarrollaron drones, y no tenemos ninguno operativo construido por nosotros.

— ¿Por qué, no tenemos esa capacidad?

Porque se habló demasiado y se hizo poco. Y porque aunque teníamos una capacidad eventual de hacer drones y unirnos con otros países, como Israel que domina el tema ciberespacio, Estados Unidos, Francia, incluso con Rusia que también maneja tecnologías robóticas, resulta que, increíblemente, hace dos o tres años, parte de la intelectualidad le mandó una carta al entonces ministro de Defensa Agustín Rossi para desalentar la construcción o el armado de drones en la República Argentina. Esa clase de pensamiento, esa academia, lo único que quería era mantener un status quo que fuera desfavorable a las Fuerzas Armadas. Porque en algún punto desconfiamos de la fortaleza institucional de nuestra democracia. Y eso es malo porque nuestra democracia es sólida en la actualidad.

— ¿Existe voluntad y capacidad para resolver el tema?

— Soy optimista. Creo que voluntad hay. No es solamente función del Ejecutivo, el Legislativo también tiene una responsabilidad, el Congreso debe sentarse y preguntar por qué asignamos los recursos que asignamos. Lo que pasa es que hay otra mala idea ahí y es que la defensa no da votos. Pero si tenemos ochenta mil hombres en armas, ¿cuántas familias viven de esos programas, cuántas unidades militares ayudan a la territorialización de la Argentina y cuántas contribuyen también al desarrollo? ¿Cuándo se acuerdan de la defensa de los gobernadores y de los intendentes? Cuando se dice "vamos a cerrar tal base". Entonces ojo, porque los militares, el Ministerio de Defensa, tienen algo que decir en la territorialización de la Argentina. No hay que mirarlo tan de costado y creo que el gobierno entendió eso. Quiero verlo en términos optimistas. De las tragedias la Argentina ha mostrado una capacidad de aprendizaje y por eso confío tanto en la fortaleza institucional de la democracia más allá de las falencias que tenemos.

— Un tema espinoso: ¿las Fuerzas Armadas deben participar en el combate contra el narcotráfico?

— No, cuando nos llevan a ese terreno, tanto por derecha como por izquierda, están cambiando la función principal de las Fuerzas Armadas. ¿Por qué pasa eso? Porque en los 90 y en los 2000, al no saber qué hacer con los militares, se les asignaron funciones secundarias. Para esa tarea tenemos una buena Gendarmería.

— ¿Y sobre la posible restauración de alguna forma de servicio no militar?

— No lo comparto. Creo que el servicio militar voluntario tal cual está debería ser algo atractivo para la sociedad en términos de oportunidad de carrera, para aquellos a los que les gusta la profesión de las armas. Más interesante es la función de las reservas. En Occidente, Gran Bretaña es un buen modelo, Canadá es otro; están tratando de tener reservas activas que eventualmente son llamados…

— ¿Qué sería, retirados o gente que hace un entrenamiento y luego queda stand by?

— Pueden ser en algunos casos retirados que tienen una expertise y pueden integrar la reserva por una equis cantidad de tiempo o bien ofrecer a quienes les interesa la profesión militar pero no quieren estar full time, una formación y la posibilidad de salir cada tanto al terreno. A mucha gente le gusta la profesión de las armas pero no la quiere convertir en su carrera.

— Usted da clases en ciencias políticas en la UBA. ¿Qué clima percibe en los estudiantes respecto de este tema?

— En general, más bien desconocimiento y mito, mito construido y en algunos casos muy negativo. Pero tengo la honra de dar una materia optativa sobre cuestiones de seguridad internacional vinculadas con lo tecnológico y hay mucha hambre por conocer lo que está pasando. Y cuando se conoce, se aprecia. Esto nos da la oportunidad desde las aulas de difundir, discutir, la historia militar de nuestro país que claramente tiene su pasado negro pero no se puede vivir atado a él. Hace poco hicimos un ejercicio en el que gente del Colegio Militar junto a gente de la Universidad hicieron un manejo de crisis que ocurría en el año 2023 y salió muy interesante.

— El modelo que planteó el kirchnerismo de volver a fabricar el Pucará, por ejemplo, ¿tiene sentido?

Así como lo plantearon no sirve: nos hablaron de cuarenta aviones y creo que produjeron cuatro. Después dijeron que iban a construir helicópteros con China, no se construyó ninguno. Así no sirve. ¿Tiene funciones la estructura militar nuestra? Sí, integradas a otras cadenas de valor militares, de Occidente, de donde el poder político quiera, pero hay que integrarlas a las cadenas de valor. Algo de esto hay en la idea de que la Argentina sea parte del KC 390, el avión de transporte que está generando ahora Brasil, Hay que ver bien qué capacidades tenemos. Por eso digo pensar a futuro. Tenemos una industria aeronáutica muy buena, ingenieros muy buenos.  Trabajemos con drones e integremos defensa con las facultades de Ciencias Exactas de las universidades y con otros países que tienen la capacidad por ejemplo de subir sensores a drones. Tal vez ahí haya un nicho de mercado cívico y militar. Pero hay que hacerlo en serio, integrando el mundo universitario con el tecnológico y el militar. El militar no muerde.

viernes, 1 de diciembre de 2017

El Presidente, decidido a poner toda la carne en el asador

Luis MajulPor Luis Majul- LA NACION - @majulluis
Macri está convencido de que los agentes del grupo Albatros no mienten. Que tiraron en defensa propia respondiendo a disparos con armas de fuego, y que entre 15 y 20 individuos violentos, armados con lanzas, cuchillos, piedras y boleadoras, intentaron matarlos. "Esto va a terminar igual que lo de Santiago Maldonado. Tarde o temprano, se va a saber que los Albatros actuaron en legítima defensa. Y que Rafael Nahuel formaba parte de ese grupo violento. Al final todo este desbarajuste va a generar un profundo cambio cultural", me dijo una alta fuente del Ministerio de Seguridad.

Macri no termina de entender al juez federal Gustavo Villanueva. Está convencido de que fue Villanueva quien pidió al Estado la presencia de las fuerzas de seguridad para evitar que quienes se dicen pertenecientes a la comunidad mapuche ocuparan tierras pertenecientes a Parques Nacionales. Y que el propio juez lo pidió "antes de fin de año porque quería demostrar autoridad" y conceder la extradición de Jones Huala, para que lo juzgue un magistrado de Chile. No se explica Macri por qué, según él, Villanueva volvió sobre sus pasos.

El Presidente ya le ordenó a la ministra Bullrich que no abra un sumario interno hasta tanto la Justicia no determine qué fue lo que sucedió. Macri, desde que Cambiemos ganó las últimas elecciones, está decidido a poner toda la carne en el asador. Quiere que "la Argentina vuelva a la cordura" a propósito de la cuestión mapuche, pero también cuando habla de las reformas económicas, laborales y jubilatorias que empezaron a aprobarse esta semana. Y no sólo con eso. "Está dispuesto a ir contra el propio Hugo Moyano, si acaso fuera necesario", me aseguró un miembro de la llamada mesa chica que ve al Presidente casi todos los días.

¿Pueden interpretarse los allanamientos que incluyeron la detención del vicepresidente de Independiente, Noray Nakis, y del ex guardaespaldas del propio Moyano, Roberto "Polaco" Petrov, como un tiro por elevación al líder camionero? Sostienen fuentes del Ministerio de Seguridad de la Nación y del Ministerio de Seguridad de la provincia que, en este caso, Moyano prestó "colaboración logística" a la investigación. Que "hasta ahora" no intentó proteger ni al barrabrava y presunto jefe de la Asociación Ilícita Pablo "Bebote" Álvarez ni a Nakis ni a Petrov. "Al contrario: habilitó todas las cámaras de seguridad del club y se puso a disposición de la Justicia", confirmaron.

La investigación que culminó con los allanamientos de las últimas horas se inició hace seis meses. ¿Acaso Moyano no sabía lo que sucedería? "Eso es información confidencial. No puedo responder", se excusó un alto funcionario que participó de la movida. Pero aclaró: "Hace tiempo que "el Polaco" abandonó a Hugo y se dedicó a hacer negocios por su cuenta". La pregunta del millón es si el actual presidente de Independiente está en la famosa lista de argentinos que, según el Presidente, si se los enviara en una nave espacial a la Luna, la Argentina sería otro país.

En el verano de 2016, Macri sostenía que Moyano parecía "más moderno" que sus hijos Pablo y Facundo. Fue después de una discusión que mantuvieron sobre el proceso de digitalización y la necesidad de que los bancos y las empresas que distribuyen las facturas de los servicios públicos dejaran de hacerlo a través de cartas físicas cargadas en camiones. El Presidente le planteó que en pleno siglo XXI nadie con dos dedos de frente podía oponerse al abandono del uso del papel. "Por razones ecológicas y económicas también" intentó convencerlo. Para sorpresa de Macri, Moyano no le dijo que se oponía. Solo le pidió un plazo para "readecuarse".

Con el paso de los meses y después de varios encuentros, el Presidente empezó a sospechar que Moyano padre intentaba "patear la pelota para adelante". Y todavía más: que pretendía "tomarle el tiempo". Alguien que interpreta al Presidente como pocos me explicó: "Mauricio al principio le creyó cuando Hugo le decía que su hijo Pablo es muy difícil de contener y controlar. Pero día tras día empezó a notar que lo usaba para hacer un doble juego". ¿Macri está decidido a hacer algo que no pudo o no quiso hacer Néstor Kirchner, algo que intentó hacer Cristina Fernández pagando un alto costo político?

El Presidente, para ser más concretos, ¿soportaría un enfrentamiento directo con el sindicalista más poderoso de la Argentina? Responde un ministro del gabinete nacional: "Si la investigación sobre el vínculo entre la barra brava de Independiente con el sindicato de camioneros avanza, es muy probable que algún arrepentido involucre a Pablo Moyano, a Hugo Moyano o que aparezca algún papel o alguna escucha que lo mencione".

Quienes brindan información sensible al jefe del Estado sostienen que Moyano tendrá que explicar la relación que mantiene con Patricio Farcuh, accionista mayoritario de OCA. En especial, la ayuda económica del sindicato a una empresa que estaría "virtualmente quebrada". OCA tiene un problema perecido al de Cristóbal López con la AFIP. Debe al Estado más de 3000 millones de pesos. No por el impuesto a la transferencia a los combustibles que embolsó, como López, sino por las contribuciones patronales y cargas previsionales que no pagó. Farcuh y Moyano han tratado de llegar a lo más alto del poder para encontrar una salida.

Pero, hasta ahora, se han encontrado con dos barreras infranqueables. Una, la del propio jefe del Estado, quien repitió, cada vez que le preguntaron, que no iba a hacer nada fuera de la ley. La otra, con al máximo responsable de la AFIP, Alberto Abad, quien, se sostiene, no va a facilitar ninguna moratoria que pueda ser interpretada como un favor político. "Ni para Cristóbal ni para Moyano ni para nadie", explicaron fuentes de la AFIP. En el medio de semejante juego de poder, pasó casi desapercibido el pedido de embargo del fiscal Franco Piccardi contra el primo del Presidente, Ángelo Calcaterra, por más de 54 millones de pesos.

La solicitud se extendió a José López, el hombre de los bolsos con 9 millones de dólares y ametralladoras; Ricardo Jaime, el ex valijero de Néstor; Manuel Vázquez, testaferro de Jaime; Jorge "Corcho" Rodríguez; Javier Sánchez Caballero, ex CEO de Calcaterra, y varios altos directivos de Odebrecht. Sospechado por haber sido simpatizante de Justicia Legítima, Piccardi no hizo más que investigar una denuncia de Graciela Ocaña. Las evidencias sobre el direccionamiento de la concesión del soterramiento del Sarmiento y la existencia de una consultora trucha y cuentas en paraísos fiscales a través de las cuales se pagaron coimas son incontrastables.

Piccardi, junto con el juez Marcelo Martínez de Giorgi, amenaza con transformar este expediente en la punta del iceberg para investigar gran parte de la cartelización de la obra pública nacional. Decenas de grandes empresarios tiemblan. Y el Presidente preferiría que su primo no la pasara mal. Pero ya le comunicó que no va a mover un dedo si es procesado y condenado.

jueves, 30 de noviembre de 2017

La ocupación territorial marítima del Atlántico sur

Por César Augusto Lerena - Infobae.com
La lamentable desaparición del submarino ARA San Juan puso a la vista de todos los argentinos el descontrol que, en forma sostenida y creciente, se manifiesta en el Atlántico sudoccidental desde hace al menos 40 años. De hecho, mucho peor hoy que la incapacidad en la que se encontraba la Argentina en los recordados episodios de febrero de 1960 en el Golfo Nuevo.
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Desde 1982, los británicos no sólo están en posesión de los 11.410 kilómetros cuadrados de nuestras islas, sino, lo que es más grave aún, y los sucesivos gobiernos lo han invisibilizado a los argentinos, que estos están ocupando millones de kilómetros cuadrados del territorio marítimo argentino, explotando nuestros recursos naturales, entre ellos, los pesqueros, con los que sostienen la economía de Malvinas y avanzan sobre la exploración de hidrocarburos y minerales.

Todo esto defendido por el Reino Unido con la base misilística más importante del Cono Sur, el importantísimo aeropuerto de Monte Agradable, con dos pistas de asfalto, asiento militar de tropas de la Royal Air Force británica, y las periódicas operaciones marítimas con las que reafirman la ocupación británica de nuestro Atlántico sur y océano Austral, además de reivindicar derechos sobre la Antártida Argentina.
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A ello debemos sumarle la extracción clandestina de más de un millón de toneladas anuales de recursos pesqueros migratorios, dentro y fuera de la zona económica exclusiva argentina, por parte de embarcaciones extranjeras. Muchas de ellas se reabastecen en puertos del Uruguay y mantienen relaciones de amistad con la Argentina. Tal es el caso de los pesqueros españoles que, con o sin bandera británica de las islas, pescan en aguas argentinas o recursos migratorios de estas.

En este escenario, ¿alguien podría explicar qué hacía el antiguo submarino ARA San Juan sumergido en aguas al este de Malvinas o en el talud continental, cuando todas las autoridades de la Subsecretaría de Pesca, de la Armada y Prefectura conocen perfectamente la posición de los barcos extranjeros que, año tras año, extraen clandestinamente nuestros recursos? Instituciones que además reciben cientos de denuncias de los capitanes de pesca argentinos. Amén de las fotografías satelitales de la NASA que muestran las potentísimas luces de cientos de poteros extranjeros que están a la captura del calamar en el límite de la zona económica exclusiva.

No era necesario que 44 tripulantes y un submarino argentino desaparecieran para darse cuenta de que un amplísimo territorio nacional está sin control. Venimos denunciándolo hace décadas y parece cierto aquello de que los argentinos y nuestros gobiernos viven de espalda al mar. Así nos va.

El autor es referente de Proyecto Sur Mar del Plata, ex candidato a diputado.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Crisis en nuestras aguas, ¿qué sucede con la Fuerza Aérea?

Por Gustavo Gorriz - Infobae.com - @GorrizG
Nuestra otrora orgullosa aviación de combate no es más que un puñado de cuadrillas o escuadrones disminuidos, muchos de ellos de aparatos turbohélice, sostenidos por un sistema logístico desgastado e ineficiente.

Es curioso que los titulares de los diarios argentinos insistan en la decisión del Gobierno nacional de descabezar las Fuerzas Armadas. ¿Pensarán de verdad que hay ahí un camino cierto o al menos probable para terminar con la ignominia que viven hace 40 años los militares? Ellos son verdaderos ciudadanos de segunda clase en una democracia que, en una típica actitud argentina, los eligió como únicos culpables de un pasado trágico y les asignó una cuenta a pagar que nadie sabe cuándo terminará, cuánto le costará a la nación y qué se ignora. Además, si no tendrá gravísimas consecuencias ante cualquier eventualidad que nos pudiera poner por delante el avieso destino, mañana o dentro de 20 años.

El emblemático caso de nuestra agobiada Fuerza Aérea pareciera necesitar bastante más que el maquillaje de un cambio de comandante. De aquella orgullosa fuerza que el 1º de mayo de 1982 hizo su bautismo de fuego en un acto glorioso, allí donde 14 héroes ofrendaron su vida y que provocó no sólo la admiración del enemigo de entonces, sino que hizo que posteriormente se estudiaran en todo el mundo las técnicas utilizadas por aquellos pilotos notables. Ellos, con sus capacidades y su adiestramiento, disimularon las diferencias tecnológicas y de equipamiento con el enemigo y provocaron, con su accionar, daños que jamás pudo imaginarse la Armada británica. Sólo para que quienes son ajenos a la milicia lo registren, esto decía el almirante británico Sandy Woodward, ex combatiente en la guerra de Malvinas y autor del libro Los cien días, sobre su experiencia en el Atlántico sur: "Los pilotos argentinos fueron muy valientes. Los veíamos aparecer a ras del agua. Jamás hubiéramos imaginado eso". ¿Da orgullo, no? Bueno, de ello no queda nada o casi nada.

Aun después de la guerra, la Argentina contaba con 14 escuadrones de combate de 12 aviones cada uno. Luego de 35 años, los aviones Mirage fueron desprogramados y nuestro país perdió su capacidad de interceptación supersónica, con lo que seguramente les entregaremos a países amigos la custodia de nuestro cielo soberano, ante las complejas responsabilidades que tendremos como país anfitrión de importantes citas internacionales en el 2018. Citamos el caso del G20, pero también puede ocurrir cualquier asunto que requiera de verdad un servicio activo y eficiente. Lo cierto es que hasta que los aviones no explotan en el aire o los submarinos no se hunden en nuestro litoral marítimo, esto le interesa poco o nada al mundo de la política. Ellos solamente reaccionan cuando la opinión pública pone sus ojos sensibles ante la tragedia y los deudos, pero la verdad es que los sistemas de nuestra Fuerza Aérea atrasan más de 30 años.

Nuestra otrora orgullosa aviación de combate no es más que un puñado de cuadrillas o escuadrones disminuidos, muchos de ellos de aparatos turbohélice, sostenidos por un sistema logístico desgastado e ineficiente. No hace falta ser un genio, ni un técnico, ni un ingeniero, ni un especialista, para entender lo que en estos 30 años se agregó en materia tecnológica a la aviación en general y a la aviación militar en particular. Es más, es bien sabido que, en general, es de los avances militares de donde se nutre la aviación comercial.

¿Dónde está realmente la Argentina con su Fuerza Aérea? ¿Qué tenemos? ¿Cuál es nuestro futuro? Nadie lo sabe bien, porque esto que citamos sobre la aviación de combate podría extenderse a la situación de la aviación de transporte, que se encuentra igual o peor que la que detallamos. Este y otros aspectos vinculados con la fuerza en general aburrirían al lector, quien sin embargo no debería dejar de registrar que:

-Durante estos años se ha realizado el máximo nivel de canibalización de la historia, sólo para que algunas pocas naves pudieran volar.

–La obsolescencia de los sistemas es total y la calidad del adiestramiento, del que alguna vez supimos alardear, es sinceramente triste. Como dato objetivo basta solamente saber que se vuela apenas una quinta parte de las horas que se empleaban en entrenamiento previo a 1982.

-La grave situación ha traído como consecuencia la desmoralización del personal, con las consecuencias quizás más irrecuperables, como son su pérdida y la captación que de ellos realizan los medios aéreos comerciales y las compañías privadas de aeronavegación. El Estado argentino los entrena e invierte millones en pilotos que, sin expectativas y con salarios ruines y que además no pueden cumplir con su vocación de volar —sea por ausencia de máquinas, de combustible o de repuestos—, abandonan su vocación, la mayor parte de las veces con lágrimas en los ojos.

¿Entonces? Esas primeras planas de relevos y cambios importantes… ¿Vienen acompañadas del equipamiento necesario? ¿Vienen acompañadas del combustible necesario para el entrenamiento? ¿Acompañan sueldos acordes con las capacidades de esos pilotos? ¿Vienen acompañadas del respeto profesional necesario?
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Si todo eso fuera así, bienvenidos sean los cambios. Si no, simplemente no nos mintamos y esperemos, angustiados, al próximo ARA San Juan.

¿Pueden asumir los militares roles de seguridad?

Por Daniel Gallo - LA NACION - @DanielHGallo
El descontrolado hundimiento del submarino San Juan abrió un debate inesperado. Las tragedias no resultan buenos momentos para cambios apurados por la sorpresa de encontrarse con algo no previsto. En estos días se habla del rol que deben tener las Fuerzas Armadas, se opina sobre el papel que corresponde a los militares y también alguno se anima incluso a pensar en armamentos cómo se si tratase de compras en una ferretería. Por ese eje trazado por la desesperación de saber que un submarino y su tripulación podían haber sido víctimas de años de desinterés social se metió una discusión vieja. ¿Pueden asumir los militares roles en seguridad? Es la pregunta lógica si se avanza en un proyecto de fusionar a la Armada con la Prefectura. La iniciativa no es nueva. Tiene exactamente 16 años.

Un poco de historia reciente permitirá comprender el contexto antes de responder al interrogante inicial. En noviembre de 2001, el Ejército y la Armada consensuaron un proyecto para reformular estratégicamente sus objetivos. Sus jefes, el teniente general Ricardo Brinzoni, y el almirante Joaquín Stella, tenían una muy buena relación personal. El país se encaminaba a una crisis y la Gendarmería se movía de una provincia a otra con cientos de cortes de ruta mensuales. Las Fuerzas Armadas estaban entonces postergadas y sus mandos querían asegurarse una misión que les permitiese sobrevivir. Ese fue siempre un error conceptual, pero no será aquí cosa de adelantarse a la necesaria línea temporal. Del análisis militar salió una definición para ofrecer al poder político: la superfuerza.

En 2001 el problema era sostener la autoridad política, la cohesión social y evitar la repetición de pueblos en llamas como ocurrió en Salta y Corrientes. Gendarmería tenía en ese momento apenas 14.000 efectivos y cada vez se concentraba más en centros urbanos. Las fronteras quedaban vacías. El Ejército vio la oportunidad de tener una misión. El diseño preparado por los militares se sustentó en la Gendarmería como fuerza que recibiría los equipos tácticos de la Policía Federal y todo el componente de seguridad de la Prefectura. La idea era tener esa "superfuerza" de seguridad para hacer frente a los disturbios. En ese esquema, el Ejército se haría cargo del control de frontera para "liberar" a los gendarmes y la Armada tomaría el mando sobre toda unidad que flotara en la Prefectura. Incluso estaba previsto que el jefe de los prefectos podía ocupar el puesto de secretario naval... cómo máximo. El rol de la Armada sería el control de la pesca ilegal. Un debate similar aparece 16 años después. La pregunta sobre el papel de los militares en la Argentina vuelve una y otra vez. Quizá la seguridad no sea el mejor lugar para asignar una tarea. En el Gobierno, unos consideran hoy esa posibilidad con un pensamiento económico de asignación de recursos, otros entienden que la separación de funciones es un gasto que vale la pena. Esas dos visiones aún no definieron la pulseada que está por empezar.

Si la Armada asume el control de la Prefectura -estudio que trascendió sin ponerse aún en debate oficial-, el control de la pesca ilegal -supuesta misión del San Juan- estaría bajo la supervisión absoluta de militares. Es un rol claramente policial de verificar licencias, detener a infractores y originar una causa judicial como auxiliares de la Justicia. En esa situación debería pensarse en unidades de mar idóneas para la tarea. Misiles antibuques no sería necesarios, ya que la Prefectura hundió llegado el caso pesqueros con ametralladoras calibre 50.

En los ríos la situación sería más compleja, porque la Prefectura se encarga de evitar el ingreso de drogas. Entonces los egresados de la Escuela Naval deberían pensar en el narcotráfico como adversario y prepararse para eso. Buzos tácticos contra básicas canoas de contrabandistas. Además deberían ser reformuladas las leyes de Defensa Nacional, Seguridad Interior e Inteligencia. El narcotráfico es uno de los mayores peligros para la Argentina. Aunque su banda emblemática, Los Monos, no parece un desafío tan grande como para modificar el trípode legislativo más importante de la democracia argentina.

"Si quieren ser policías, que lo sean, pero que sepan que serán eso", expresó una voz oficial con peso propio al considerar que entre la Armada y la Prefectura debería hablarse de complementación y no de fusión.

El contexto nuevamente es importante, tal como lo fue en 2001 cuando los mandos militares pensaron un esquema similar al puesto hoy en debate. Hoy la Gendarmería no cuenta sólo con esos 14.000 efectivos, sino que está cerca de alcanzar los 40.000. El narcotráfico es un problema grave que crece, pero a comienzos de siglo se lo veía como posible asunto militar al pensar en réplicas locales de los acuerdos entre las FARC y los productores de drogas. Esa hipótesis, válida en su momento y que generó la idea de nuevas amenazas a la seguridad, hoy no existe.

Una pregunta paralela es saber si los militares están capacitados hoy para actuar en temas de seguridad. Más de 15.000 militares argentinos participaron en operaciones netamente perfiladas a la seguridad urbana en Haití. Y fueron adiestrados para cumplir esa misión por orden de los sucesivos gobiernos kirchneristas. ¿Tuvieron denuncias allí? No.

Pero aquí la situación es diferente. La Argentina tiene un esquema de seguridad envidiado en el mundo. Sólo Francia, Chile, Italia, España y los Estados Unidos cuentan con unidades intermedias -Gendarmería y Prefectura- que permiten subir un nivel desde el escalón policial sin recurrir al poder de fuego militar. Brasil quiere hace años replicar esa alternativa para que su Ejército no tenga la obligación de entrar de tanto en tanto en las favelas de Río de Janeiro.

Entonces, ¿qué rol le queda a las Fuerzas Armadas? El más importante: prepararse para cumplir su misión primaria. Si la política lo señalase claramente, los militares dejarían de buscar opciones para sentirse reconocidos y útiles. El bombero profesional no necesita transformarse en un docente para justificar las horas sin incendios.

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Ejemplo de una visión personal  sobre equipamiento para la Fuerza Aérea. No debemos olvidar el carácter estratégico de las armas Aerea y Naval.

domingo, 26 de noviembre de 2017

El Parlasur y sus "patéticas miserabilidades"

Resultado de imagen para El ParlasurEditorial del diario La Nación
Todo hace presagiar que ese cuerpo será otro agujero negro en los presupuestos nacionales para acomodar a políticos sin empleo.

"Unos fueron por los fueros y otros, por el dinero". Así podría resumirse esta lamentable creación del kirchnerismo y sus ex socios propulsores del socialismo del siglo XXI, para contar con un foro ideológico, a costa del erario de sus naciones y en beneficio de sus dirigentes. "Patéticas miserabilidades", diría don Hipólito Yrigoyen, incluyendo quizás a su propio partido por no haber apoyado la solitaria batalla librada por tres miembros del Parlamento del Mercosur para evitar que el plan de ideología, fueros y dinero, diseñado por la ex presidenta Cristina Kirchner, tuviese éxito.

Aunque la población votó, en los últimos comicios generales, la elección de 43 representantes para dicho órgano deliberativo, nadie entiende muy bien qué es, ni para qué sirve. Siguiendo una tendencia regional, nuestro Parlasur completa una serie de locuaces organismos latinoamericanos de idéntico prefijo, como el Parlacen, el Parlandino, el Parlatino y el Parlamento de Unasur, cuya abreviatura podría confundirse con aquél.

Creado en 2005, ese foro está integrado por la Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela, quienes envían 186 representantes que deben ser elegidos por voto directo, como ya lo hacen la Argentina y Paraguay. Existe un plazo hasta el año 2020 para que todos los países dispongan la elección directa; entretanto, el Parlasur se encuentra en transición y sus decisiones son no vinculantes.

Escondido en el cuerpo de la ley "exprés" de llamado a elecciones, aprobada en la última sesión de 2014, se incluyó un artículo que explica por qué muchos políticos quisieron ser candidatos para integrar el Parlasur en los comicios de 2015: los fueros y el dinero. En efecto, allí se establece que los elegidos serán asimilados a los diputados nacionales, con idénticas inmunidades parlamentarias, regímenes remuneratorios, laborales, previsionales y protocolares. A los efectos prácticos, los 257 diputados nacionales aumentarían al número de 300 sin reforma constitucional alguna.

El kirchnerismo pretendía así dotar de inmunidad a sus candidatos bajo la lupa de la Justicia. Y, de paso, lograr el apoyo del resto de la "clase política" tentándolos con sueldos, pasajes, viáticos, asesores, oficinas, choferes y jubilaciones como si fuera lo mismo ejercer funciones en el ex casino de Montevideo, que en el augusto recinto del Congreso de la Nación. Tentaciones irresistibles para quienes están habituados al turismo parlamentario, nombrar parientes y canjear pasajes por dinero.

La ex presidenta, con fino olfato, intuyó que serían más resistentes los fueros senatoriales que los fueros parlasurianos y optó por la zona del Congreso. Aun con su ausencia, la nómina del Frente para la Victoria demuestra por sí sola cuál era el propósito del texto subrepticio. Allí están o estaban José López y Milagro Sala, ambos presos: uno por los bolsos conventuales y la otra, por tentativa de homicidio. Agustín Rossi, imputado por sobreprecios; Teresa Parodi, manchada por la banda de Rolando, amada por Boudou; Gabriel Mariotto, procesado por enriquecimiento ilícito; Oscar Parrilli, imputado por encubrimiento de un prófugo; Víctor Santa María, denunciado por la UIF por enriquecimiento ilícito y Gerardo Zamora, imputado por las viviendas de Madres de Plaza de Mayo. Para equilibrar un poco el oscuro currículum de esos personajes, el FPV incluyó a otros políticos, como Jorge Taiana y Daniel Filmus, y varios dirigentes provinciales a manera de retribución de gentilezas.

Sin embargo, el atajo de crear fueros por vía de un artículo escondido en una ley exprés no funcionó y gracias a la campaña "Chau Fueros", lanzada por la dirigente de Coalición Cívica por Santa Cruz, Mariana Zuvic, la Cámara Nacional Electoral (ratificada luego por la Corte Suprema de Justicia en el caso Milman) declaró que las inmunidades parlamentarias no pueden ser creadas por ley, sino solamente por la Constitución, ya que en la Argentina no hay fueros personales, ni títulos de nobleza y todos los habitantes son iguales ante la ley. La gran decepción para los "parlasures" llegó después, cuando tres de ellos, la citada Zuvic, el abogado Fabián Rodríguez Simón y la riojana Marcela Crabbe, miembros del Parlasur por Cambiemos, lanzaron otra campaña ("Chau Privilegios") para que ninguno cobrase sueldo hasta que el Parlamento esté totalmente institucionalizado, en 2020.

Hubo un intento de incluir $ 100.000.000 en el presupuesto nacional para abonar esas abultadas dietas. Pero el gobierno nacional sostiene, correctamente, que estas deben ser abonadas por el organismo, con los aportes de sus miembros y no cada país en forma individual. De ese modo, zanjó la cuestión con una decisión administrativa, limitando los pagos a pasajes y viáticos de 200 dólares por día de asistencia a las sesiones.

La ausencia de dietas, viáticos y pasajes ha desalentado a quienes, con gran entusiasmo y mayores expectativas, habían aceptado el honor de esos cargos. Pero como el honor no es dinero, ahora viajan a Montevideo por el día, para no gastar en hoteles el estipendio que reciben. Nada quedó de aquellos congresos y simposios internacionales a los que pensaban asistir, con estadías europeas y jugosos per diems como sus colegas nacionales. Carentes de oficinas, asesores, secretarias, cadetes y choferes como imaginaban tener en ambas márgenes del Plata, ahora vuelven presurosos a sus hogares, mientras sus usinas jurídicas urden alguna otra alternativa legal para hacer efectiva la equiparación soñada.

Lamentablemente, todo hace presagiar que el Parlamento del Mercosur será otro agujero negro en los presupuestos nacionales para ubicar a correligionarios sin empleo. Y, si alguna función tuviese, debería ser un foro para debatir fórmulas de inserción del Mercosur en el mundo, en forma competitiva, para mejorar el nivel de vida de los 300 millones de habitantes que lo integran. Abandonando el modelo aislado y populista que rigió desde 2012, cuando Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y José Mujica impulsaron la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela al bloque regional, con el reingreso del primero y la suspensión del segundo, por ruptura del orden democrático, se abre una ventana de oportunidad para lograr ese cambio, priorizando el bienestar colectivo sobre los absurdos privilegios de sus representantes.

sábado, 25 de noviembre de 2017

El ARA San Juan comenzó a hundirse en 1983

Por Jorge Lanata - Clarin.com
Aún hoy, hay quienes hablan como si los militares en actividad fueran los mismos de la década del 70.

El ARA San Juan comenzó a hundirse el 30 de octubre de 1983. Desde entonces los argentinos no sabemos qué hacer con las fuerzas armadas. La insólita y valiente actitud de Alfonsín de promover el Juicio a las Juntas –la insólita y cobarde actitud de Alfonsín de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final- no alcanzaron para que el cauce de alguna normalidad llegara al sector.

Después de la dictadura el horror fue tal que nada alcanzaba: miles de muertos, bebés secuestrados, corrupción sofisticada y elemental, nos despertamos en un país que había tenido un ejército de ocupación. Y no supimos qué hacer con él. La autocrítica de Balza en 1995 no alcanzó, aunque llegó a significar un punto de inflexión. Nacía de las presiones de la política y los medios mientras en el Ejército aún convivían los carapintadas con la vieja guardia y los nuevos que llegaban a un sitio caótico, dividido entre el desconcierto y el fanatismo. Eran “ellos y nosotros”, y no sabíamos que hacer con ellos. Ellos, por su lado, se defendían desde la corporación.

Alfonsín los enfrentó a la ley y Menem al presupuesto: la presión norteamericana llevó a desarmar los proyectos Cóndor I y II, un misil de rango medio superficie-superficie que Argentina desarrollaba con Egipto e Irak. En 1993 el gobierno decidió enviar la mayoría de los componentes del Cóndor a Estados Unidos para su destrucción total.

Nadie hubiera esperado que la transformación de las fuerzas armadas a un grupo de boy scouts se diera durante el peronismo. Sin embargo, así sucedió y en paralelo al repudio social, el presupuesto bajó al mínimo disponible. ¿Para qué queríamos a las Fuerzas Armadas?. La mejor respuesta a esa pregunta surge de la lista de los ministros del área sin distinción de gobiernos detallada en una investigación de Ignacio Montes de Oca:

Oscar Aguad, el ministro que ahora tambalea a punto de caerse, es abogado y ocupó la cartera de Comunicaciones. Julio Martínez, el anterior, es ingeniero agrónomo. Agustín Rossi, ingeniero civil (Rossi firmó un cuestionado contrato con una empresa china para proveer uniformes. Está imputado por el pago de sobreprecios de entre el 170 y el 240% por la compra de alimentos para las bases antárticas, extravió una cabeza de guerra de un misil antitanque TOW en un regimiento de Caballería Blindada de La Plata, le entregó Fabricaciones Militares a la Cámpora, etc, etc).

Un resumen de la gestión kirchnerista en Defensa: de los trece C130 Hércules que recibieron, solo dejaron tres en funcionamiento. El resto, desguazado para repuestos; de sesenta aviones de combate que recibieron, dejaron ocho o quizás seis A4 obsoletos; la flota de superficie se redujo por la pérdida del destructor ARA Santísima Trinidad y la conversión del ARA Hércules en buque almacén. Sólo una de la seis corbetas de origen francés A69, el ARA Granville, opera sin problemas. Las fragatas Meko 360 y las corbetas Meko 140 tienen problemas de motores, la falta de aviones y la reducción de horas de vuelo produjo una brecha en la nueva generación de pilotos: hay solo ocho aviones disponibles. El FAL, un diseño belga del año 1952 debería haberse remplazado en los años ochenta, los Mirage y los A4 fueron diseñados en 1962...

Siguiendo con la lista: Arturo Puricelli era abogado; Nilda Garré, maestra de ingles y abogada; José Pampuro, médico oncólogo; Horacio Jaunarena, abogado; Ricardo Lopez Murphy, economista, al igual que Jorge Domínguez; Oscar Camilión, abogado y diplomático; Antonio Erman González, contador; Guido Di Tella, ingeniero civil; Humberto Romero. abogado, como Italo Luder;Germán Lopez. licenciado en Química, Roque Carranza ingeniero y Raul Borrás, periodista.

Veamos los actuales: la responsable funcional de encontrar al submarino es Graciela Susana Villata, secretaria de Servicios Logísticos para la Defensa y Coordinación Militar en Emergencias, nombrada por Aguad. Fue diputada nacional: presentó un proyecto para el envasado de la yerba mate en origen, la demolición de la Unidad 1 del SPF, un repudio contra el represor Barreiro y un pedido para declarar la emergencia en materia de violencia de género.

Debajo de Villata, como Secretario de Servicios Logísticos de Defensa, hay un ingeniero agrónomo, ex presidente del INTA y miembro de la Organización Meteorológica Mundial. Horacio Chighizola, secertario de Asuntos Militares, es el único que fue asesor en Defensa entre el 85 y el 89. La Fábrica Militar de Aviones está bajo el comando de Alberto Beltramonte un ex hombre de FIAT, la Secretaríaa de Planificación para la Defensa está vacante, y así.

“Está todo atado con alambre.Me cuesta creer que esto les sorprenda” dijo ayer Itatí Leguizamon, esposa de Germán Suarez, radarista del ARA San Juan.

Pasaron cuarenta y un años de la dictadura. Aún hoy, hay quienes hablan como si los militares en actividad fueran los mismos. Sólo pensando de ese modo podría haber calado en una parte de la opinión publica el “invento” de la desaparición forzada de Maldonado. ¿Cómo puede sostenerse que Macri mandó a desaparecer a alguien y que los gendarmes mantenían una especie de “pozo” o “chupadero”?. Sería más honesto, por caso, disolver las Fuerzas Armadas. Lo hicieron Costa Rica en 1948 y Panamá en 1990. Los países sin ejército deben ser unos veinte, la mayoría pequeñas islas o territorios de ultramar; en los casos de Lichtenstein o Andorra, por ejemplo, se aceptó que la defensa estuviera a cargo de terceros países: Suiza “custodia” Lichtenstein y España y Francia hacen lo propio con Andorra. Fuerzas Armadas sin un rol, sin presupuesto, ”estigmatizadas” y víctimas de un castigo eterno no le sirven a nadie y –peor-se ponen vidas en juego. Y ni hay peor muerte que la muerte por estupidez.

Submarino ARA San Juan: la tragedia que desnudó el deterioro militar en el mejor momento de la gestión Macri

Resultado de imagen para Submarino ARA San JuanPor Fernando Laborda - LA NACION - @flaborda


El destino quiso que la tragedia del submarino ARA San Juan se produjese en momentos en que la gestión de Mauricio Macri se hallaba prácticamente en su pico histórico de imagen favorable en la opinión pública. De acuerdo con la más reciente encuesta de Poliarquía, por primera vez desde que asumió el actual Presidente, hay más argentinos que consideran positiva la situación del país respecto de quienes la califican como negativa. El 45% de la población cree que está mejor que un año atrás y el 58% estima que el año próximo será aún mejor, según el mismo sondeo.

Otra encuesta, concluida el 17 de noviembre por Management & Fit, también es elocuente: el índice global de optimismo económico se ubica en 39,6 puntos, valor máximo desde que Macri está en la Casa Rosada. Y el índice de optimismo político ronda los 47 puntos, apenas medio punto por debajo de su récord histórico. Finalmente, los últimos números de la consultora Isonomía son igualmente concluyentes: el Presidente goza de una imagen positiva del 58%.

La tragedia del submarino y sus 44 tripulantes ha golpeado a una opinión pública que muchas veces es experta en buscar culpables de hechos que, sin pruebas a la vista, resultan inexplicables. Quizás por eso, Macri, en sus primeras declaraciones públicas sobre este acontecimiento, se preocupó ayer por destacar que "no tenemos que aventurarnos a buscar culpables" hasta no poseer "información completa".

Para el Presidente, la prioridad no pasa hoy por deslindar responsabilidades, sino por extremar todos los esfuerzos para hallar el navío y no dejarse vencer por la desesperanza. "Esperamos dar con el submarino en los próximos días", expresó, aun en contra de la opinión de no pocos especialistas que son pesimistas sobre la posibilidad de que eso ocurra en lo inmediato si el submarino o sus restos se encuentran a más de 600 metros de profundidad, como señalan algunas hipótesis. En su cabeza, sin embargo, ya estaría sellada la suerte del jefe de la Armada, Marcelo Srur, quien dejaría la conducción de esa fuerza más adelante.

Desde distintos sectores, se ha intentado comparar este hecho con la catástrofe ferroviaria en la estación de Once, ocurrida en febrero de 2012. Hay una diferencia sustantiva: aquel tren en el que perdieron la vida 51 personas era un transporte público en el que podía haber viajado cualquiera de nosotros. Otra distinción es que, de acuerdo con las investigaciones judiciales, el deficiente mantenimiento de los trenes no se debía a falta de presupuesto, sino a un desvío de fondos públicos.

Nadie puede saber qué habría ocurrido si la tragedia del San Juan se hubiera producido semanas antes de las elecciones de octubre, que le dieron un importante triunfo a la coalición oficialista Cambiemos.

Sin embargo, distintos analistas de opinión pública estiman que, al igual que con el caso de Santiago Maldonado, la ciudadanía ensayará, a la hora de buscar responsables, teorías más afines a sus propias visiones políticas que a datos objetivos. Quienes se encuentran políticamente más cerca de Macri esgrimirán que el submarino había sido reparado en 2014, durante el gobierno de Cristina Kirchner, quien tres años antes le había augurado treinta años más de vida útil al navío, construido en Alemania en 1985.

En cambio, quienes estén más cerca de posiciones combativas frente al oficialismo, responsabilizarán de todo lo ocurrido al gobierno de Macri y hablarán de una campaña de ocultamiento y desinformación, de la que hasta ahora no hay indicios serios. Lo único que permanece oculto es el submarino y, con él, las explicaciones a esta desgracia.

En los próximos días, surgirán toda clase de especulaciones sobre las causas de la supuesta explosión del submarino. Podrá culparse a la gestión anterior por haber reparado o "replacado" las baterías del navío en lugar de haberlas cambiado; una práctica que sus detractores comparan con una vieja tradición de los años 70 y 80, cuando en la Argentina se vendían baterías para automóviles "acondicionadas", cuyo precio era la mitad de las nuevas. Pero ni siquiera una deficiente reparación durante la década kirchnerista elimina la responsabilidad de las actuales autoridades por el mantenimiento del submarino.

El problema de las Fuerzas Armadas argentinas es estructural y se remonta a mucho más tiempo. El deterioro del equipamiento militar comenzó tras la guerra de las Malvinas y se fue profundizado por los sucesivos gobiernos.

El proyecto de presupuesto para 2018 es claro al respecto. De los $ 21.000 millones de gastos previstos para la Armada, nada menos que $ 18.500 millones irían al gasto en personal. Apenas $ 968 millones se destinarían a mantenimiento, reparaciones y bienes de uso, tan sólo el 4,6%. El desmantelamiento de la industria de la defensa nacional sigue a la orden del día.

viernes, 24 de noviembre de 2017

ARA San Juan: reflexiones necesarias

Resultado de imagen para fuerzas armadas argentinasPor José Manuel Ugarte - Clarin.com
Frente a un drama como el representado por el submarino ARA San Juan, estimamos útil examinar sus causas profundas. A esto se dirige este artículo.

El 29 de junio de 2017, Infobae publicó que el 21 de junio de este año la Fábrica Argentina de Aviones encargada de la prestación de horas de vuelo a la Fuerza Aérea Argentina en los aviones entrenadores Grob 120 TP, adquiridos hace tres años, había resuelto suspender el servicio por falta de pago, por no contarse con los fondos que permitieran la adquisición de repuestos. El 19 de octubre, Clarín informó sobre la caída de uno de los referidos entrenadores, logrando salvarse los dos pilotos.

En un artículo publicado el 30 de Agosto de 2016, el instituto hindú IDSA recordaba que en 2012 tres buques argentinos habían experimentado problemas debido a falta de mantenimiento y error humano, y que en 2014 el encallamiento del submarino Santa Cruz (TR 1700, gemelo del San Juan) había revelado que el mantenimiento del casco era pobre.

La publicación británica UK Defence Journal señaló el 7 de setiembre de este año que las tripulaciones submarinas (argentinas) a pesar de beneficiarse de una reciente modernización (del San Juan) necesitan al menos 190 días de práctica submarina y en 2014 sólo pasaron 19 horas sumergidas.

En su edición de 2017, The Military Balance señalaba que en el caso argentino, las capacidades operacionales habían declinado por una falta de inversiones y una erosión general de las prácticas de mantenimiento.

Esta serie de ejemplos sirve para hacer evidentes los efectos de una inadecuada distribución de erogaciones que desde 1993 hasta hoy -24 años- caracteriza al presupuesto de defensa y que lo hace insustentable, de entre el 80 y el 85% en personal, entre el 10 y el 15% en funcionamiento (mantenimiento, combustible, adiestramiento) y entre el 5 y el 0% en equipamiento. En relación con el PBI, entre 1996 y 2016 ha oscilado entre 1,2 y 0,8%.

Por otra parte, a partir del año 2002 comenzó a producirse un crecimiento en el número de oficiales de alta graduación en las Fuerzas Armadas, que los llevó a un número superior al que tenían en 1983, cuando el número de personal militar era más del doble del actual. Así, en la Fuerza Aérea, se pasó de 211 comodoros para un efectivo total de 21.903 en 1983, a 525 comodoros en 2014, para una Fuerza con un efectivo total de 12.907. Esta circunstancia –la gran proporción de oficiales de alta graduación- ha influido decisivamente en el monto representado por los gastos en personal. Además, ha determinado una profusión de estructuras burocráticas.

Es bajo el presupuesto de defensa para Argentina. Es preciso incrementarlo. Pero también hay que tener en cuenta que con una suma menor, Perú mantiene tres escuadrones de cazabombarderos de cuarta generación y una flota de un crucero, 6 submarinos, y 7 fragatas, con un número de personal militar mayor. Es que Perú gasta mejor. Con mayor gasto, Chile es un ejemplo de eficacia y eficiencia en la materia.

Recientemente se ha hecho un esfuerzo importante por reequipar a las Fuerzas Armadas a través del Decreto 595/2017, por aproximadamente 800 millones de dólares, la compra de equipamiento militar más importante desde la recuperación de la democracia. Pero paradójicamente, tal inversión no va a mejorar sensiblemente las (in)capacidades militares del país, por tratarse de equipamiento redundante y útil mayoritariamente para tareas de naturaleza policial. La moraleja es clara: no se trata de gastar satisfaciendo pedidos.

Aquí no hay Fuerzas Armadas víctimas de una dirigencia política irresponsable. Quienes han formulado política de defensa en el país –con puntuales excepciones- son corresponsables junto con las sucesivas conducciones de las Fuerzas Armadas en la aplicación de una política en la cual, por espacio de un cuarto de siglo, la casi totalidad del gasto correspondía a personal, con una excesiva proporción de oficialidad de alta graduación, mientras que el adiestramiento y mantenimiento recibían una suma insuficiente, y no se compraba material.

Esto explica la actual situación. Así, Argentina tiene una gran proporción de material aéreo inoperable, a menudo canibalizado por falta de repuestos, barcos con mantenimiento insuficiente, personal con pobre adiestramiento, plataformas sin armamento adecuado. En suma: gastando más de cinco mil millones de dólares en defensa, su capacidad operativa es nula.

Es necesario reestructurar a las Fuerzas Armadas, restableciendo adecuadas proporciones entre los grados e incrementando tropa; contar con unidades completas; crear reservas; modernizarlas y reequiparlas, para cumplir su misión primordial de defensa del país; actualizarlas doctrinariamente, restablecer máximos estándares de mantenimiento y adiestramiento.

Todo eso es posible, pero no puede ser confiado exclusivamente a las Fuerzas Armadas. Confiar a las Fuerzas Armadas su propia reestructuración fue el primer paso hacia el actual desastre. Se requieren también técnicos capaces sin estado militar, auténticamente independientes de aquéllas. En el país existen. Sólo hay que ponerlos a trabajar. También es imprescindible el consejo y el trabajo de aquéllos militares –muchos y buenos- que quieren salir de esta situación.

Argentina todavía está a tiempo de hacerlo. Pero ese tiempo no será eterno.

José Manuel Ugarte es Doctor en Derecho y profesor de la UBA, especialista en Defensa. Corredactor de las Leyes de Defensa Nacional y Seguridad Interior.
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