Por: Federico Lorenz
Fuente: HISTORIADOR, AUTOR DE "MALVINAS. UNA GUERRA ARGENTINA"
A días de la visita de familiares a las tumbas de los caídos en Malvinas, es necesario revisar el sentido de aquellas muertes, producidas dentro de un contexto histórico que habilitó tanto la masacre interna de sus jóvenes como la guerra.
Los muertos son un espejo de las sociedades. Lo que hagamos con ellos dirá más acerca de nosotros mismos que sobre los que ya no están. En paralelo, los homenajes, las conmemoraciones, la escritura de la historia misma, colocan a los idos en el lugar de testigos de la introspección de los vivos. Es una relación cambiante a lo largo del tiempo.
Los muertos son un espejo de las sociedades. Lo que hagamos con ellos dirá más acerca de nosotros mismos que sobre los que ya no están. En paralelo, los homenajes, las conmemoraciones, la escritura de la historia misma, colocan a los idos en el lugar de testigos de la introspección de los vivos. Es una relación cambiante a lo largo del tiempo. Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XIX emerge un elemento común a muchas naciones: el respeto a los muertos por la patria. Al calor de la Revolución Francesa y las guerras de independencia se desarrolló el culto por los soldados-ciudadanos, encarnación de los ideales de honor y patria. Las repúblicas modernas impulsaron una religión laica en la que la máxima entrega a la comunidad pasaba por dar la vida en el campo de batalla.
Educados en esta idea, millones de seres humanos se movilizaron en ocasión de las dos guerras mundiales. Resignificada, alimentó el ideario revolucionario de millares de jóvenes durante la segunda mitad del siglo XX.En vísperas del Bicentenario, vale la pena preguntarnos por las relaciones que establecemos con los muertos por la patria. Indagar dentro de nosotros mismos, pero también vigilar las manifestaciones oficiales o sectoriales, para ver qué lugar les asignan en la historia. Tuve una alumna, en una escuela de adultos, que hace años esperó a que yo terminara de hablar, en ocasión de un 2 de abril, y se acercó para contarme que uno de sus hijos había muerto en la guerra de Malvinas, y el otro estaba desaparecido. Aún no podía, me dijo entonces, saber cómo sentirse. No entendía lo que le había pasado. Su única certeza era un dolor aumentado por la perplejidad.
¿Qué discurso patriótico incluiría su experiencia? En nombre de la patria, uno de sus hijos murió en Malvinas, y también en su nombre fue secuestrado el otro, que como militante muy probablemente invocaría a la misma patria en sus consignas. En estos días los argentinos seremos testigos de la visita de los familiares de los caídos en Malvinas a las tumbas de sus seres queridos. Existe un nivel privado de diálogo con los muertos, que es sagrado: aquel de sus deudos, de los que los sobrevivieron. Pero en el plano colectivo, el reencuentro masivo con los caídos por la patria obliga a una reflexión mayor.
En el páramo donde está emplazado el cementerio de guerra argentino, en Darwin, las hileras de cruces blancas son un jalón que hemos puesto en la historia. No es cuestión de revisar el compromiso de los muertos, o el sentido que sus deudos dan a su muerte. Se trata de preguntarnos, no tanto por la idea de patria que tenían los que murieron, sino por la nuestra: la de entonces, y sobre todo, la que imaginamos hoy. La experiencia de la guerra de Malvinas, un hecho bélico en una época signada por el terrorismo de Estado, no debería ser despachada mediante la apelación al discurso patriótico que funcionó durante décadas, y que cayó por su propio peso tanto en los sótanos de la ESMA como en las islas del Atlántico Sur. La muerte iguala, pero no el análisis.
No se trata de equiparar los muertos en Malvinas con las víctimas de la dictadura, sino de encontrar los hilos culturales que llevaron tanto a la masacre interna como a la guerra. Los caídos en las islas fueron hijos de un contexto histórico concreto, y la guerra en la que combatieron y que segó sus vidas debe ser evocada dentro de él. Abstraerla y narrarla con el tono sagrado de las efemérides escolares rompe una relación básica con los muertos: respetarlos como sujetos de un proceso histórico. Al llevar sin más la guerra de Malvinas al panteón de las guerras por la patria ofendemos a los ciudadanos conscriptos que marcharon a combatir sin las manos manchadas de sangre de compatriotas.
A la inversa, ofrecemos un refugio sagrado a quienes la invocan para amparar aún hoy esos crímenes. La patria generosa e incluyente imaginada en el primer Centenario devoró a finales de ese mismo siglo a sus propios hijos. Lo hizo con la complacencia de distintos sectores sociales por la mano de sus Fuerzas Armadas. La misma conducción que implementó el terrorismo de Estado produjo en 1982 la guerra con Gran Bretaña. Hoy, las apelaciones a la patria no deberían poder ser semejantes a las que se hacían antes de esas dos heridas profundas en la memoria nacional. ¿Qué patria imaginamos en vísperas del Bicentenario? A contrapelo de los aniversarios redondos, que invitan a las idealizaciones, el homenaje a los muertos por la patria es la pregunta permanente, aunque incomode.
Foto: http://www.eduardoeurnekian.com/wp-content/uploads/2009/08/eurnekian-cenotafio1.jpg
Fuente: Diario Clarín
Uno de los vicepresidentes de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes Rioja, advirtió esta mañana que las protestas deben respetar el derecho de los ciudadanos porque "tomar de rehén a toda la sociedad es delito en cualquier parte del mundo". En diálogo con el periodista Marcelo Longobardi, en el programa Cada Mañana de Radio 10, el dirigente industrial sostuvo que ante un reclamo gremial existen "los mecanismos judiciales, porque para eso existe el Estado". "Para eso existe el Estado y su poder de decisión judicial, para restablecer el orden. Los que tienen que protestar, tendrán el derecho de hacerlo en la calle o en otro lado, pero respetando el derecho de los demás", sostuvo.
En el caso de Marte, instrumentos y cámaras de una sonda indican que en cráteres de meteoritos -entre el polo norte y el ecuador marciano- podría haber, bajo su superficie, agua en un 99 por ciento pura. Shane Byrne, científico de la Universidad de Arizona, encargado de la cámara de alta resolución instalada en la sonda, indicó que "el otro descubrimiento sorprendente es la pureza del hielo expuesto en los cráteres causados por el impacto de los meteoritos".
Crédito: AP


Se trata de patrulleros de pequeño desplazamiento, lo que los hace muy sensibles a la mar, siendo fácil marearse a bordo para aquellas personas no hechas a la mar, especialmente cerca del puente alto, donde el viento puede dirigir el humo directamente de la chimenea a las fosas nasales. Su reducido personal y espacio hace que el trato a bordo sea bastante cercano. La serie se compone de cuatro buques construidos en Ferrol entre 1981 y 1982, que toman sus nombres de islotes de las Baleares. El nombre de las unidades y su ubicación es la siguiente: Conejera (base en Cartagena), Dragonera (Huelva), Espalmador y Alcanada (estos dos últimos basados en Barcelona).



Este ingeniero forestal, nacido en Estados Unidos en 1914, y radicado en México, en 1944, llegó a ser premio Nobel de la Paz, en 1970. Su mérito no fue menor. Se considera que salvó más de 1000 millones de vidas gracias a que sus contribuciones aumentaron enormemente la productividad de alimentos y se consiguió evitar una hambruna mundial durante la segunda mitad del siglo XX.