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martes, 7 de julio de 2015

Se pudren en los árboles 200 millones de kilos de manzanas

Claudio Andrade (Clarin.com) - Los productores no las cosechan porque no tienen plata. Este año Brasil dejó de comprar y el sector entró en crisis.
Por el piso. Los precios de la fruta bajaron 7% en dólares. Y los costos locales aumentaron 35%.
Por el piso. Los precios de la fruta bajaron 7% en dólares. Y los costos locales aumentaron 35%.

En la tradicional franja de pasto corto que hay entre los árboles frutales del Alto Valle de Río Negro y Neuquén se van acumulando las manzanas y las peras que este año no fueron cosechadas por los productores. Componen una alfombra multicolor que va del rojo al negro pasando por el amarillo. Su indefectible proceso de descomposición va dejando en el aire un aroma dulce y saturado. Este año los chacareros no tuvieron a quién venderle su producto y, por ende, tampoco hubo dinero para la cosecha. La escena se repite en las chacras de toda la región norte de la Patagonia.

Según las cámaras que agrupan a las empresas del sector, hay 200 millones de toneladas de peras y manzanas que no pudieron ser comercializadas en 2015 por el cierre de las fronteras de Brasil y la devaluación de la moneda en Rusia. Otros 135 millones de kilos fueron arruinados por el granizo. En total suman 335 millones de fruta que hoy se pudren al aire libre.

En localidades como Villa Regina, Chichinales, Godoy y Valle Azul, un 40% de la fruta quedó suspendida de los árboles sin nadie que las rescate.

Sobre un total de 48 mil hectáreas productivas son 12 mil las que no recibieron el cuidado de sus propietarios por cuestiones económicas.

Desde febrero, cuando el ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela, firmó un acuerdo con los productores por una ayuda de 300 millones de pesos que jamás llegó en su totalidad, los fruteros vienen pidiendo un rescate urgente.

El freno a las importaciones impuesto por Brasil, al encontrar la plaga de carpocapsa en la fruta nacional, empeoró las cosas. La industria lleva 10 años de caída gradual.

Las manzanas no cosechadas constituyen la antesala de una tormenta perfecta para los chacareros. Las plagas, dicen, no tardarán en llegar si no se toman medidas inmediatas. Algunos incluso aseguran que ya es demasiado tarde.

“La falta de medidas de control provoca valores de porcentaje de frutos dañados cercanos al 100%”, advierte el INTA del Alto Valle. Pero el proceso de recolección y poda, que evita las plagas, requiere de dinero en efectivo para pagar el recurso humano que se ocupa de la tarea.

Hoy un trabajador rural tiene un sueldo base de 10 mil pesos. El gremio de los fruticultores ya advirtió que exigirá un aumento del 35 al 40% antes de que concluya julio. Las tareas “culturales” de la chacra en su conjunto se llevan el 80% o más de los costos operativos.

Los productores forman parte de un negocio que se ancla en el futuro. La rueda funciona sobre proyecciones. Pero la declinación de los mercados externos, el bajo precio de lo producido (1,2 y 1,5 peso por kilo) y la falta de recursos económicos para encarar la modernización de las chacras, han terminado por dejar vacíos los bolsillos de los fruteros.

“La actividad dejó de ser rentable y muchos productores están abandonando las chacras porque no pudieron cosechar la producción, en un contexto en el que los costos están creciendo al 35% y los precios en dólares cayeron entre 5 y 7 %”, subrayó Marcelo Loyarte, director de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados con sede en General Roca.

Según le indica a Clarín, Jorge Figueroa, presidente de la Federación de Productores de Río Negro y Neuquén, los chacareros necesitan 1.200 millones de pesos para normalizar el ciclo productivo. Otros 800 millones serían necesarios para dar verdadero vitalidad a la actividad de la que viven unas 70 mil personas.

El sector dejó de recibir entre US$ 75 y 100 millones por la caída de las exportaciones a Brasil que fueron reanudadas tres semanas. Aproximadamente un 10% de lo que genera la industria en su totalidad (unos US$ 1.000 millones).

En lo que va del año, los productores recibieron 110 millones de pesos que fueron destinados a capear el temporal de granizo. De los otros 190 millones de pesos aun no tuvieron noticias. “Hubo promesas de ayuda del gobierno nacional y también del gobierno de la provincia, pero en concreto nunca nos no llegó nada”, reconoce Sebastián Hernández, Presidente de la Cámara de Allen.

Hernández fue unos de los 2000 productores que cortaron en junio las rutas y puentes de Río Negro y Neuquén durante 12 días sin conseguir doblarle el brazo a las provincias o a Nación..

En un mundo con hambre, no puede existir estas situaciones...

martes, 12 de mayo de 2015

Argentina despachó el primer embarque de peras a China

(Clarin.com) - El Ministerio de Agricultura confirmó que las frutas salieron desde el puerto de San Antonio Este, en Río Negro. En el 2014, los dos países firmaron un protocolo que habilita la importación de peras argentinas.

Tres contenedores que transportan 63.074 kilogramos de peras se embarcaron hoy hacia China, en la primera exportación argentina de esta fruta al gigante asiático. La fiscalización de la mercadería fue realizada en conjunto por inspectores del Senasa y de la Administración General de Calidad, Supervisión, Inspección y Cuarentena de China (AQSIQ).

La partida de las frutas argentinas fue posible a partir del protocolo que firmaron el año pasado los representantes del Ministerio de Agricultura y la AQSIQ, que incluyó visitas de los inspectores chinos a los predios productivos del Alto Valle del Río Negro y las plantas de empaque, para controlar la trazabilidad de cada lote que se pretendía exportar.

En los últimos dos años, se logró la habilitación de exportaciones de diversos productos agroalimentarios a China, entre los que se incluyen peras, manzanas, sorgo y girasol confitero. También se habilitaron plantas lácteas y cárnicas para la exportación a China y se está trabajando en la apertura de los mercados de carne enfriada y con hueso.

La semana pasada también se confirmó que la Argentina podrá exportar megafardos de alfalfa a este mercado y se avanzó en la apertura de otros productos, como ser miel, arvejas y uvas de mesa, para los cuales ya fueron realizadas las visitas de inspección correspondientes y se aguardan los informes que permitan negociar la firma de los protocolos.

Los mercados abiertos para la exportación de productos de Argentina a China tienen un potencial de más de 11.000 millones de dólares, según estimaciones del Ministerio de Agricultura.

lunes, 16 de septiembre de 2013

El baby kiwi que se come de un solo bocado

Por Elina Moreno - Super Campo - El baby kiwi concentra sabor y atributos del kiwi convencional. Hoy protagoniza el segmento de los cultivos alternativos.
KIWIBERRY-apRecorrer un cultivo de baby kiwi es similar a internarse en un viñedo. Los racimos de pequeñas bayas relucen verdes, los más maduros se tornan apenas morados. La diferencia obvia con los kiwis convencionales es el tamaño, pero lo más notorio y conveniente para su consumo es la piel, suave y tierna. Además son pulposos, dulces y las semillas apenas se perciben en la boca. Se trata de un fruto que concentra todas las propiedades y atributos del kiwi en un envase más pequeño.

El baby kiwi, kiwi Berry o kiwiño seduce por su originalidad y potenciales buenos precios, pero enfrenta el enorme desafío de construir un mercado. Ese es el camino que transita  Alejandro Casado Achával, propietario del establecimiento Santa Clara en Mercedes, Buenos Aires. Para José Luis Sarza, asesor técnico del establecimiento, este año sirvió para ajustar algunas variables técnicas y tenerlas definidas para encarar la próxima campaña. “Fue un año positivo, a pesar de la sequía, principalmente por tres motivos: pudimos abrir mercados, ajustamos las técnicas en el manejo del cultivo y también pudimos concentrar la cosecha en una sola pasada”, afirmó Sarza.

En este campo mercedino, se plantó una franja de media hectárea con unas 500 plantas, que cuando alcancen su madurez productiva darán unos 16 kilos en promedio de fruta, o sea 16 mil kilos por hectárea, pudiendo variar según la zona. Sarza aclaró que al segundo año ya se pueden probar algunos frutos, aunque no produce a escala comercial hasta el tercer año. Luego la producción va aumentando progresivamente hasta el sexto año, cuando se estabiliza.

CAMINO AL ANDAR. El punto de partida para este productor es aprovechar los años mientras las plantas crecen para ajustar cuestiones del manejo, de la cosecha y  poscosecha, generando conocimiento valioso para quienes apuesten al cultivo de ahora en adelante. Sarza contó que “las plantas se trajeron de Nueva Zelanda, donde el baby kiwi tiene más trayectoria, aunque son los países de alto poder adquisitivo, como los europeos y Estados Unidos, los que tienen mercados más desarrollados para la fruta”.
Se trata de una variedad en sí misma (Actinidia Arguta), es decir que no es un kiwi modificado, sino una selección de las variedades que ya existían.

La implantación se realiza en hileras de 3 por 3 (esquema tresbolillo) poniendo un máximo  de 10-12% de las plantas machos para lograr una buena polinización. Para este sistema, la estructura necesaria se compone de postes con un alambre que recorre toda la línea al ras del suelo y otro por encima a 1,80-2 metros de altura. A su vez, a cada planta se le coloca un hilo perpendicular a estos alambres por donde se la va  conduciendo. De esta manera va trepando primero a lo alto y una vez que llega a la parte superior se extiende por los alambres superiores formando un techo. Es una estructura de parral como la que se usa tradicionalmente para el cultivo de vid.

“Las plantas son jóvenes y todavía no llegan a cubrir todo el ‘techo’ del parral, cuando se vaya tupiendo en la parte superior, tendremos mayores expectativas de rendimiento”, anticipó Sarza. Hasta el tercer año, cuando la planta aun no se cierra arriba, entre cada línea de baby kiwi es posible hacer otro cultivo. Sarza señaló que “mientras llegue suficiente luz se puede optimizar el espacio”. Al respecto detalló que “el primer año el objetivo es que la planta trepe por el hilo conductor hasta llegar al alambre superior; el segundo que comience a expandirse; y el tercero que empiece a sombrear”. Y destacó que “este es nuestro tercer año de plantado y cosechamos un equivalente a 1.800 kilos por hectárea, pero estamos a otros tres de llegar a la madurez productiva de las plantas”.

Cuando la planta desarrolla sus ramas y cierra la parte superior del parral, toda la luz la aprovecha el kiwi. Esa mayor superficie, dada por el mayor tamaño de planta redunda en mayor producción de fruta. En su sanidad, la planta es muy estable pero conviene evitar condiciones propicias para la aparición de fitóftora (hongo de suelo). Por eso se planta sobre lomos considerando todas las pendientes que permitan el escurrimiento del agua, para que no se formen encharcamientos en la zona de las raíces.

Por el lado de las plagas, Sarza advirtió que “los ataques de aves, especialmente la cotorra, son un tema a monitorear porque en los arándanos, por ejemplo, hicieron estragos”. Si bien es un cultivo que se irriga, este año la sequía afectó el desarrollo de las plantas y no alcanzaron a sombrear lo esperado. En este sentido, el asesor indicó que “se puede implementar una malla superior que evite la excesiva evapotranspiración de las plantas. Es un costo adicional  que ronda los 10 mil dólares la hectárea pero protege al cultivo del sol, el viento, el granizo y eventualmente las aves si se lo cierra en los  extremos”.

El riego puede ser por goteo o por aspersión: “Nosotros tenemos una sola línea, pero la idea es llevarla a dos para cubrir bien todas las raíces, que se extienden más allá del lomo”, detalló Sarza. El riego debe atender la demanda de la planta según la época del año. En invierno es casi innecesario, mientras que en verano puede hacer falta dos veces al día.

SENCILLO Y BARATO. “Es un cultivo ‘gasolero’ para su mantenimiento”, sostuvo Sarza. Implica una inversión fuerte de arranque en las plantas y la estructura, pero después no supone grandes desembolsos. Las tareas anuales consisten en cortar el pasto en las calles, aplicación de herbicida en el lomo y una poda luego de que la planta pierde la hoja, antes del invierno. Según el asesor, “en un cultivo con la estructura armada, una persona puede realizar los mantenimientos anuales en 4 a 5 hectáreas tranquilamente”.

Por otro lado, Sarza señaló que, si bien en Santa Clara realizan una aplicación de herbicidas, la maleza se puede combatir colocando mulch en el lomo (cobertura de nylon  negro), lo que también ayuda a preservar la humedad, pudiendo hacerse un cultivo  orgánico de manera muy fácil. El baby kiwi se cosecha un poco antes que el kiwi común, pero en general tiene un manejo muy similar, la mayor diferencia hoy es el costo de las plantas, ya que las de la variedad baby son más costosas. Sin embargo, el precio por el  kilo de fruta al productor es casi cuatro veces mejor.

El valor de las plantas ronda los 7 dólares, o sea 7 mil dólares por hectárea implantada, mientras que la estructura (postes de madera, alambres, tensores y riego por goteo) y las labores del armado implican otros 10 mil dólares.

La cosecha es sencilla y se realiza fruto por fruto, al igual que otras frutas finas, por lo que requiere de una correcta manipulación. El fruto refrigerado tiene una duración de 20 días aproximadamente, un aspecto comprobado en la reciente cosecha, ya que regulando la temperatura con una alta humedad relativa, el fruto conservó su firmeza sin desarrollar hongos. “Vimos que la piel se arrugaba y la fruta perdía textura cuando la humedad era insuficiente, así que probamos aumentándola con buenos resultados”, sostuvo el viverista.

DESARROLLAR MERCADOS. La fruta se comercializa fraccionada en clamshells plásticos de entre 170-200 gramos, envases en los que también se pueden ver los arándanos en las verdulerías y góndolas, siendo el más apropiado para la venta de la fruta porque contribuye a preservar su calidad. El costo para el consumidor ronda los $30 el kilo. “Chile nos lleva la delantera y vende el baby kiwi a un precio de exportación que ronda  los 7 dólares el kilo, cifra que tomamos como referencia”, reveló Sarza.

Y agregó que “nuestro mercado ideal es Europa”. El mercado europeo tiene un valor más alto y allí Chile no compite con Argentina. A ello se suma que las exportaciones nacionales entrarían antes que las chilenas y en contra estación de las americanas. “Este año conseguimos enviar una muestra a Holanda, como paso previo para coordinar un envío interesante la próxima campaña”, comentó Sarza. Y añadió que “a su vez vendimos fruta al Mercado Central de Buenos Aires, es decir que nos introdujimos en el mercado externo y comenzamos a transitar el mercado interno”. Esta experiencia comercial tuvo un  balance positivo. Dado que es el tercer año de cultivo en Santa Clara, las perspectivas son alentadoras. Queda por delante mucho trabajo de difusión para que se conozca en todo el país el potencial del nuevo berry verde.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Nuevo tipo de durazno

Un mercado dulce para el país

El durazno es originario de China, su nombre científico es Prunus persicae y pertenece a la familia de las Rosáceas; actualmente se cultiva en casi todo el mundo. Informe especial sobre la realidad de este fruto en el mundo y en Argentina.

Se concretó la inscripción en el Instituto Nacional de Semillas (INASE) de una nueva variedad de duraznero de origen estadounidense que hace 9 años se está probando en el INTA San Pedro. Se trata de Rubyprince, un durazno de pulpa amarilla, carozo parcialmente libre y de buen tamaño. Se caracteriza por florecer en una época donde hay menos probabilidades de heladas, entre el 1º y el 23 de septiembre y puede cosecharse entre el 29 de noviembre y el 18 de diciembre, con un rinde promedio estimado en 38 kilos por planta.
En los últimos 20 años, el INTA San Pedro inscribió en el Registro Nacional de Cultivares un promedio de un cultivar cada dos años. El foco del trabajo está centrado en obtener y seleccionar variedades que combinen rinde y calidad, considerando además el comportamiento frente a los problemas sanitarios de la región.
“Su desempeño fue muy bueno”, dijo Gabriel Valentini, especialista en mejoramiento vegetal de esa unidad del INTA. “Los frutos son de calibre medio a grande, con un peso promedio de 160 gramos. Su pulpa es de color amarillo, el carozo parcialmente libre y el color de fondo de la piel es amarillo con un 80 % de sobrecolor rojo en la superficie”, describió.
El técnico subrayó la importancia de incorporar nuevos cultivares que aporten a la diversificación genética de esta fruta en la Argentina: “El foco del trabajo estuvo en obtener y seleccionar variedades que combinen rinde, calidad y buen comportamiento frente a los problemas sanitarios más comunes de la región”.
Fuente: Nuestro Agro

jueves, 29 de marzo de 2012

Vuelve el Vino del Litoral

Por Raúl F. Brassesco, Ingeniero Agrónomo *

La provincia mesopotámica supo ser referente nacional en la producción de uva en la época de la colonia, llegando a cultivar más cepas que las provincias de Mendoza y San Juan.

Es que esta provincia de la Mesopotamia argentina supo ser referente nacional de la producción vitivinícola en tiempos coloniales. A mediados del siglo XIX la provincia cultivaba más cepas que en Mendoza y San Juan.

La vid en esta zona es tradición, cultura y, por sobre todas las cosas, identidad. Nuestro objetivo es que la región recupere el esplendor que supo tener a principios de siglo y para ello, desde el INTA Concordia y Victoria acompañamos y asesoramos a los productores descendientes de inmigrantes vitivinicultores.

La provincia tiene un gran potencialidad y un largo camino por recorrer. Con este objetivo los técnicos trabajan en base al material conservado en el Banco de Germoplasma para recuperar aquellas variedades ancestrales e identificar algunas nuevas que sean más adaptables a las características ambientales de la zona.
Así como Mendoza tiene el Malbec y La Rioja el Torrontes, nuestra zona en poco tiempo tendrá su cepa emblema: la Tannat o la Marcelane, esta última aún en proceso de prueba.

Se trata de una variedad francesa muy productiva y con gran adaptabilidad a la región que presenta los caracteres de aroma, sabor y color demandados por el mercado nacional y del gusto del consumidor europeo: El paladar de los argentinos está adaptado a los vinos de Cuyo, mientras que los realizados en Entre Ríos se están incorporando a la mesa de los argentinos y, algunos de ellos, se asemejan al paladar francés. Esta proyección comercial genera gran expectativa entre los vitivinicultores, ya que en la actualidad la producción está destinada a autoconsumo y al consumidor local ligado al turismo rural.

PRODUCCION ANCESTRAL. A mediados del siglo XIX, los colonos iniciaron una próspera producción agrícola basada en cultivos provenientes de sus países de origen, entre los que se destacaron los viñedos.

A partir de 1880 se implementaron políticas de estímulo que se vieron reflejadas en el incremento del área cultivada: más de 4 mil hectáreas de viñedos y 60 bodegas en las ciudades de Concordia y Colón. Para 1890, Entre Ríos cultivaba más cepas que en Mendoza y San Juan, al tiempo que Concordia era el tercer puerto de mayor movimiento de la Argentina con unos 500 barcos anuales. Entre 1894 y 1916 la producción vitivinícola creció un 700%.

Pero, eventualmente, los años de bonanza llegaron a su fin. En 1930 se promulgó la Ley Nacional Nº 12.137 para desanimar la actividad en la zona y fomentarla en Cuyo. Aún hoy los productores recuerdan con tristeza cómo los inspectores arrancaban las vides de raíz y perforaban toneles y alambiques.
Vista general de los viñedos en la Chacra La Paula, propiedad del Sr. Rubén Tealdi, donde se están ensayando cultivares de la uva Marcelane, que podría identificar a la región.

PARA CONTAR. Entre Ríos tuvo dos grandes centros de producción vitivinicola, ambos sobre la costa del Río Uruguay; la Colonia San José y Concordia. Los distritos de la capital, de los departamentos de Federación, Uruguay, Victoria, las colonias Hernandarias y Villa Urquiza del departamento Paraná, tenían algunas hectáreas de viñedos, que por su extensión, no alcanzaban todavía a las regiones en donde se encontraban las características de centros vitivinícolas. En Colón se cultivaba la vid americana (variedad Filadelfia, vitis labrusca), y en Concordia una variedad llamada Lorda (hoy Tannat) de vitis vinífera. En 1890 existían en el Dpto. De Colón 600 hectáreas de viñedos en plena producción. Para 1895 existían, sólo en el Departamento de Colón; 9 Bodegas, 926 hectáreas de viñedos; se cosechaban 129 toneladas de uva y existían 30 cubas de fermentación con una capacidad de 835 hectolitros cada una.

Las colonias se desarrollaron rapidamente, a tal punto que ensayaron el sufragio “secreto” por primera vez en nuestro país, para la toma de decisiones del manejo de la colonia . Por contrato firmado entre los colonos y el Gral. Urquiza, “estaba totalmente prohibido vender licores, vinos o bebidas espirituosas en la colonia”. En virtud del enorme desarrollo que estaba teniendo la industria vitivinicola, le solicitaron a Urquiza que derogara ese artículo del contrato, al cual accedió, para liberar el desarrollo de la actividad.

Las plantaciones de viñas y la fabricación de vinos y alcoholes en gran escala, exigieron capitales considerables, una industria que transformó la fisonomía productora, demandando mano de obra especializada e instalaciones adecuadas para la industrialización del vino.

A partir de 1880 el gobierno Provincial implementó medidas de estímulo a la producción. El éxito del plan se vió reflejado en el incremento del área cultivada. En el orden nacional de 1907, la producción vitivinícola entrerriana ocupó el 4º lugar en el Censo Nacional de Viñas, con una extensión de más de 4.000 hectáreas. En el período que va de 1885 a 1935 Concordia es sin duda, el Dpto. vitivinicola más importante de la provincia, por el desarrollo que en ella ha alcanzado la industria vinícola.

El paladar del consumidor argentino está más adaptado a la variedad Malbec que se da en Cuyo, mientras que en Entre Ríos la uva se asemeja más a las variedades francesas.

ACTUALIDAD. En 1994, en Concordia un grupo de productores inició el cultivo de uva de mesa. En la vendimia del 1999/2000 aparecen plantadas 20 has. que producen entre 15 y 17 ton. de uva de mesa. El INTA Concordia comienza a asesorar a estos productores, y se comienzan a evaluar combinaciones, en una colección de 26 variedades comerciales de copa de uvas de mesa y 15 selecciones de portainjertos, las que mejor se adaptaban a la región. Actualmente existen en la provincia aproximadamente unas 60 ha de cultivo de vid para vinificar.

La vid en esta zona es tradición, cultura y, por sobre todas las cosas, identidad. Nuestro objetivo es que la región recupere el esplendor que supo tener a principios de siglo y para ello, desde la AER de Victoria y la EEA Concordia acompañamos y asesoramos a los productores descendientes de inmigrantes vitivinicultores y a cualquier emprendedor que se quiera iniciar en esta actividad.

La provincia tiene una “gran potencialidad y un largo camino por recorrer”, por esto desde el gobierno provincial se apoya a la AVER, contratando al Ing. Agr. M.Sc. Andrés Passadore, uruguayo, y un enólogo también de la hermana república vecina, para asesorar y capacitar a los técnicos y productores entrerrianos, en este cultivo. Con este objetivo los técnicos trabajan en base al material conservado en el Banco de Germoplasma de uvas de mesa de la EEA Concordia y algún viejo viñedo que se salvó de la erradicación, para identificar aquellas variedades ancestrales más adaptables a las características ambientales de la zona, y las nuevas cepas viníferas que mejor se adaptan a nuestra región.

Actualmente se encuentran en producción, variedades tales como Chardonay, Tannat, Cabernet Sauvigñon, Malbec, Syrah, Merlot y algunas otras más que se están probando. También existen, sobre todo en Concordia, cultivos de vid para producción de uva de mesa, en invernadero, anticipándose de esta manera a la época de ingreso tradicional de uva de mesa, con una excelente calidad y buen precio. Además es importante recalcar que nuestra región es similiar a la de Burdeos en Francia, desde el punto de vista agroecológico.

Así como Mendoza tiene el Malbec y La Rioja el Torrontés, nuestra zona en poco tiempo tendrá su cepa emblema, tal vez la Tannat, ya establecida o la nueva variedad Marcelane, por probarse.

Esta última es una variedad francesa muy productiva y con gran adaptabilidad a la región que presenta los caracteres de aroma, sabor y color demandados por el mercado nacional y del gusto del consumidor europeo: el paladar de los argentinos está adaptado a los vinos de Cuyo, mientras que los realizados en Entre Ríos se están incorporando a la mesa de los argentinos y algunos de ellos se asemejan al paladar europeo.

Esta proyección comercial genera gran expectativa entre los vitivinicultores, ya que en la actualidad la producción está destinada al consumidor local entrerriano y provincias vecinas, sobre todo ligado al turismo rural. Así lo demuestra el éxito de la Bodega Vulliéz Sermet del Sr. Jesús Vulliéz, en la ciudad de Colón donde, atendida por su familia, se pueden degustar y adquirir los excelentes vinos que se producen no sólo con la producción propia de la bodega, sino también con la producción de los otros productores de Concordia y Colón y que integran, a su vez, la AVER.

El enriquecimiento técnico logrado con la visita del Dr. Hernán Ojeda (mendocino, desde el año 2003, Ingeniero de Investigación y Director adjunto en la Unidad Experimental del INRA de Pech Rouge - Francia), y la coordinación con los colegas genetistas del INTA Concordia, nos permitirá instalar un vivero de prueba de portainjertos y diferentes cepas, entre ellas la Marcelane, en el viñedo “La Paula”, propiedad del Sr. Rubén Tealdi de la ciudad de Victoria, para determinar la mejor combinación para nuestra zona y hacerla extensiva a la región, además de ensayos de todo tipo sobre el cultivo de la vid.

* Jefe de la AER, INTA Victoria.
Por mayor información dirigirse a AER INTA Victoria, Laprida 517 - Victoria E.R. Tel. 03436-425351, e-mail: intavictoria@arnetbiz.com.ar - aervictoria@parana.inta.gov.ar

Fuente: http://www.revista-supercampo.com.ar/ed_0210/nota_02.htm

jueves, 9 de diciembre de 2010

El INTA realizó un estudio para mejorar la calidad de la uva de mesa

El pardeamiento del raquis, el desgrane del racimo, la pérdida de firmeza y el manchado de las bayas, son defectos que reducen marcadamente la calidad. Esta fruta es una de las demandadas por el mercado internacional que exige un excelente estado e inocuidad.

Para afianzar la producción y exportación de uva de mesa de la región de Cuyo, disminuir las pérdidas por falta calidad en poscosecha es un asunto prioritario. De acuerdo con María Isabel Quiroga, investigadora en postcosecha de frutas y hortalizas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Mendoza, en los mercados de destino se registran mermas por más del 25 por ciento. La producción de uva de mesa para acceder a mercados internacionales demanda excelente calidad e inocuidad. Un manejo adecuado en poscosecha es clave para lograrlo.

El Laboratorio de Poscosecha de esa unidad del INTA identificó los puntos críticos que disminuyen la calidad de la uva de mesa. “Demoras entre la cosecha y el empaque, tipo de envase, retraso en el ingreso a frío, deficiencia del proceso de preenfriamiento y condiciones de conservación, sumado a la presencia de podredumbres causadas por hongos –Botrytis cinerea–, son limitantes de la vida útil”, explicó Quiroga.

Los puntos que Quiroga y su equipo consideran importantes a la hora de preservar la calidad son “cosechar con la madurez óptima según la cultivar; hacerlo en horas de la mañana; disminuir el manipuleo de los racimos; reducir al mínimo el tiempo entre cosecha y enfriamiento; usar materiales de empaque adecuados y evitar la compresión de los racimos; no dejar las cajas al sol; mantener las condiciones adecuadas durante la conservación frigorífica (0 ºC y 90 por ciento a 95 por ciento de humedad relativa) y no interrumpir la cadena de frío durante la conservación, transporte y comercialización del producto”.

Para mejorar el posicionamiento de la uva de mesa argentina en los principales mercados es fundamental ofrecer productos inocuos y de excelente calidad. En los últimos años, el concepto de calidad ha evolucionado y “el consumidor espera que la fruta que va a ingerir no ponga en riesgo su salud y posea determinadas cualidades nutricionales y sensoriales –olor, color, sabor y textura–. Si no alcanza el nivel esperado, la rechaza”, indicó la especialista.
La producción de uva de mesa en la Argentina es una actividad de gran potencialidad debido a la creciente demanda de países importadores de frutas y hortalizas frescas, como los de la Unión Europea, Japón, China, los Estados Unidos y Brasil. Según cifras del Instituto Nacional de Vitivinicultura, San Juan es la principal provincia productora de uva para consumo en fresco, con un área cultivada de 9099 ha. Le siguen en orden de importancia Mendoza, con 1257 ha, y Río Negro, con 334 ha.

En la actualidad, el Laboratorio de Poscosecha del INTA Mendoza –bajo la coordinación de María Laura Rivero– junto a la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (Anpcyt) y empresas exportadoras de la región, llevan adelante el proyecto optimización del proceso poscosecha, para asegurar la calidad e inocuidad de uva de mesa para exportación.

Según Quiroga, además de identificar causas de pérdida de calidad y puntos críticos de control en el manejo poscosecha, el objetivo del proyecto es “desarrollar alternativas tecnológicas para la mejora continua y capacitar a los recursos humanos afectados en el proceso”.

Fuente: Presidencia de la Nación (Secretaria de Medios)

La Argentina, primera productora mundial de peras

El INTA reveló que el 40 por ciento del total de las peras se producen en el Hemisferio Sur. De las exportaciones nacionales, el 92 por ciento corresponde al Alto Valle. En Neuquén se lleva a cabo el XI Simposio Internacional de Peras.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) aseguró que el país aporta cerca del 40 por ciento del total de peras producido en el Hemisferio Sur. De las exportaciones nacionales, el 92 por ciento corresponde al Alto Valle. Una producción anual de entre 700 y 800 mil toneladas, solamente en las regiones de Alto Valle del Río Negro y Neuquén ubica al país al frente del comercio internacional de esa fruta.

Reunidos en el Espacio Duam de Neuquén, más de 200 inscriptos junto a 160 investigadores provenientes de 25 países participan del XI Simposio Internacional de Peras, realizado por primera vez en la Argentina y organizado por el INTA. El encuentro, que se realiza del 23 al 26 de noviembre, fue declarado de interés social, educativo, cultural, productivo y económico por las Legislaturas de ambas provincias.

Enrique Sánchez, coordinador del programa nacional Frutales del INTA, agradeció la presencia de la comunidad científica internacional especializada y la presentación de más de 120 trabajos de investigación.
Darío Fernández, coordinador del proyecto nacional Generación y desarrollo de tecnología para la detección de plagas de la fruticultura argentina del INTA, explicó que “la pera casi no se consume en el mercado interno, por ello las exportaciones ascienden al 60 por ciento de la producción anual”. Además, Fernández detalló que los principales destinos son la Unión Europea, Rusia y Brasil.

De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, la superficie cultivada con pera alcanza las 22.000 ha, de las cuales el 45 por ciento corresponde a la variedad William’s y un 30 por ciento a Packham’s Triumph. Las exportaciones de peras frescas durante enero-febrero de 2010 fueron de 129.813 toneladas por 100 millones de dólares.

Asimismo, Fernández resaltó la importancia del encuentro: “Es una oportunidad para que los profesionales argentinos tengan un contacto directo con representantes e investigadores de otros países productores de peras y puedan actualizarse en los nuevos desarrollos en otros lugares del mundo”. “Entre las temáticas abordadas por los especialistas están el mejoramiento genético, conducción de los montes de frutales, las plagas y enfermedades, la conservación de las frutas para su correcta exportación”, indicó Fernández.

Entre los profesionales internacionales presentes se destacan las disertaciones del estadounidense David Sugar –especialista en fitopatología–, el español Luis Asin –experto en fruticultura–, el indio Amid Dhingra –técnico en biotecnología–, el belga Tom Deckers y el italiano Stefan Musachi –entendido en el manejo del cultivo–, entre otros.

Con respecto a la calidad de peras, Sugar ponderó el buen manejo de prácticas que la Argentina realiza en la producción frutícola, de las cuales destacó “las tareas en poda, riego, manejo de plagas y enfermedades”.
En esta línea, Fernández explicó que el INTA interviene en la cadena completa de la producción de la pera: cosecha, poscosecha y exportación. A nivel de investigación, nuestro país esta al mismo nivel que Estados Unidos y Europa.

El británico Anthony Webster, representante de la Sociedad Internacional de Horticultura y Ciencia (ISHS), destacó que “en estos tiempos tan cambiantes en los que varían desde los aspectos ambientales hasta los de consumo y producción, se imponen nuevos desafíos para la ciencia. En ese sentido, es muy importante este tipo de intercambio, además del involucramiento de nuevos investigadores”.

El comité organizador del simposio está integrado por el INTA, el INTI, los gobiernos de Río Negro y Neuquén, las universidades del Comahue y Río Negro, el Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica y la Asociación Argentina de Horticultura. Está previsto que los científicos presentes elijan al nuevo representante del grupo de trabajo sobre peras de la ISHS y voten por la sede del próximo Simposio Internacional, que se realizará en 2013.

Para más información, está disponible el sitio web http://intainforma.inta.gov.ar

Fuente: Presidencia de la Nación (Secretaria de Medios)
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