sábado, 25 de febrero de 2017

En un año, siete empresas estatizadas perdieron $ 66 mil millones

Por Walter Giannoni - La Voz
Mejora, pero falta. Fadea tuvo en 2015 un déficit de 1.500 millones de pesos, según una auditoría oficial. El año pasado bajó a 650 millones. (Sergio Cejas)

  • Cada año el Correo Argentino genera un rojo operativo acumulativo que como mínimo triplica la deuda que le reclama al Grupo Macri.
  • Sólo siete de las empresas y servicios más emblemáticos, reestatizados por el kirchnerismo, tuvieron rojos, el año pasado, por $ 66.000 millones.

El escándalo político ocasionado por el ahora caído acuerdo entre el Estado nacional y la empresa residual Correo Argentino SA (Casa) volvió a poner sobre la mesa el debate, jamás cerrado del todo, sobre las privatizaciones en la Argentina. Aunque, en rigor, de lo que debería hablarse es del resultado de las “reestatizaciones” efectuadas por el kirchnerismo entre 2003 y, la última, en noviembre de 2015.

En 34 años de régimen democrático, la clase política, con el consenso de sectores empresariales, reeditó en dos ocasiones un viejo éxito: mantener empresas estatales sumamente deficitarias, luego privatizarlas en busca de mejores resultados operativos que por distintas razones pocas veces llegan, para después volver a estatizarlas y encontrarse, otra vez, con rojos intensos en los balances que terminan pagándose por vía del presupuesto nacional y aportando a un desequilibrio fiscal que se cubre con inflación o con endeudamiento.

Según la Asociación Argentina de Presupuesto (Asap), 2016 terminó con un déficit fiscal de 430 mil millones de pesos, unos 28 mil millones de dólares a diciembre, que requirieron financiamiento interno y externo. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, acaba de prometer que el déficit global caerá a razón de un punto del PBI por año, hasta quedar en 2,3 puntos porcentuales en 2019.
Si bien el grueso del déficit contiene los gastos que demandan los subsidios energéticos y pagos de servicios de deuda, las empresas y los servicios reestatizados se llevaron una gruesa porción de la torta.

Si se suman sólo siete de los casos más emblemáticos, el desequilibrio total, que requiere ser cubierto con fondos públicos, fue, en 2016, de 66.040 millones.

Por caso, el actual Correo Argentino propiedad precaria del Estado, verificó en 2016 un déficit operativo de 2.800 millones de pesos. Ese servicio había sido privatizado en 1997, pero en 2003 Néstor Kirchner lo reestatizó por decreto bajo una figura jurídica endeble que el Congreso de la Nación debería algún día revisar aún si su intención fuese mantenerlo como un activo público.

Hace 14 años, para relanzar el “éxito” del correo estatal, Kirchner se valió del incumplimiento en el pago de canon por parte del Grupo Macri por 296 millones de pesos/dólares luego pesificados (como sucedió con todos los contratos). A la vez, Socma, la titular del quebrado Correo Argentino SA, le reclama al Estado la friolera de 2.364 millones de pesos por los activos confiscados, dado que la gestión privada había incorporado equipamiento que no le fue devuelto, entre otros argumentos.

Pero más allá de cómo termine esta pulseada de connotaciones políticas y judiciales, lo cierto es que el Correo mantiene hoy un déficit operativo creciente que saltó tres veces en tres años.

En números gruesos pierde 7,7 millones de pesos por día, incluyendo fines de semana y feriados. Ya en 2010, perdía 1.200 millones, es decir, triplica la deuda que se le reclama Socma. Esa cifra se repitió y amplió en todos los años sucesivos.

Se fue a las nubes

Otro viejo longplay que suena una y otra vez en el giradiscos del Estado es el de Aerolíneas Argentinas. Nunca pasa de moda. La llamada “línea de bandera” –en el mundo ya casi no las hay– perdió 3.800 millones de pesos el año pasado. Esta vez fue Cristina Fernández de Kirchner la que la devolvió a la cuna del presupuesto oficial, en 2008.

Es una verdad indiscutible que Interinvest, la financiera del grupo español Marsans, había causado estragos en la estructura, en la flota y en las rutas de la empresa. Desde el vamos, aquel 3 de septiembre en que el Senado autorizó al Gobierno a proceder con el “rescate”, el Estado asumió una deuda de 890 millones de dólares que había dejado el español Gerardo Díaz Ferrán, condenado y encarcelado por la justicia española por evasión fiscal.

Pero después de esa experiencia, Aerolíneas y Austral no pararon de perder plata. Dos mil millones en 2009 hasta 3.800 millones el año pasado, lo que supone casi 11 millones por día. La actual gestión procura bajar el rojo a 600 millones en el año, una meta difícil de alcanzar por varios motivos.

Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) es otra carátula conocida en los anaqueles del recuerdo. En abril de 2012, CFK procedió a expropiar el 51 por ciento que tenía Repsol. Para terminar el vínculo, en 2014, justo cuando el petróleo volaba a los precios más altos de la historia, el ministro Axel Kicillof emitió deuda por 6.150 millones de dólares para pagar la confiscación que, al principio, había dicho que no pagaría.

Tras cuatro años de operación estatal, YPF concluyó 2016 con un déficit de 31 mil millones de pesos. Para 2017 existe la expectativa de que ese rojo operativo disminuya, lo cual ha envalentonado a los mercados financieros donde los papeles de la petrolera trepan. Normalizarla llevaría unos cinco años, dicen en el Gobierno.

Aunque sus servicios no alcanzan directamente al interior del país, todos los argentinos aportan con sus impuestos para sostener el déficit de una empresa de servicios de Buenos Aires: Agua y Saneamientos Argentinos (Aysa). Néstor Kirchner echó de la concesión al grupo francés Suez en 2006, luego de haberle mantenido las tarifas congeladas durante tres años. Hace unos días, el Estado le aportó 500 millones de pesos adicionales para que pueda operar, pero su rojo operativo se sitúa en 5.100 millones de pesos.

Los grandes éxitos del Estado también encuentran un disco simple en Córdoba. Se trata de la rebautizada Fadea, la ex Fábrica Militar de Aviones que en los ’90 Carlos Menem dio en concesión a la norteamericana Lockheed y que CFK colocó en la discoteca pública en marzo de 2009. En 2015, perdió 1.500 millones de pesos pero no consiguió fabricar ninguna aeronave que vuele. Para este 2016, ese desfasaje habría cerrado en 650 millones y se proyectan 250 millones en 2017.

Cierra la lista un grande de todos los tiempos: en octubre, la Sociedad Operadora Ferroviaria (Sofse) estimó que para fin de 2016 iba a necesitar subsidios por 20.800 millones sólo para gastos operativos (o sea, sin contar las inversiones, que la Nación financia por cuerda separada).

Mucha plata en juego para un país cuya batalla principal es sacar de la pobreza al 35 por ciento de sus habitantes.

Siete casos de empresas y servicios estatizados o reestatizados

Correo Argentino. Fue reestatizado en noviembre de 2003 por Néstor Kirchner, tras cinco años de gestión del grupo Socma (Macri) que generó millonarios reclamos cruzados. Su déficit operativo de 2016 llegó a 2.800 millones de pesos. Cuenta con unos 16 mil empleados.

Aysa. Aguas y Saneamiento SA, que sirve sólo al Gran Buenos Aires, requirió en 2016 de $ 5.100 millones de la Nación para cubrir su déficit, aún contabilizando los recursos que aportan las recientes subas tarifarias.

YPF. El 51 por ciento de las acciones de la petrolera volvieron al Estado en abril de 2012, lo que se presentó como una gesta. Para ello, tiempo después, se le entregaron a Repsol bonos por 6.150 millones de dólares. Terminó el año pasado con pérdidas por 31 mil millones de pesos.

Fútbol para Todos. En 2009, AFA rescindió el contrato para las transmisiones de TV con TyC. El Estado se comprometió a pagar 600 millones al año y recuperarlos con publicidad. Pero en 2016 pagó 1.890 millones. Los gobiernos K usaron el espacio publicitario para propaganda.

Aerolíneas Argentinas. En septiembre de 2008, el Estado compró Interinvest (propiedad de Marsans) y asumió una millonaria deuda. Fue un coto para militantes de La Cámpora. Llegó a los 12.200 empleados. El año pasado concluyó con un déficit de 3.800 millones de pesos.

Fadea. El Estado le quitó la concesión a Lockheed en noviembre de 2008. Fue un reducto de militancia y terminó 2015 con un déficit de 1.500 millones de pesos. No salió de allí ningún avión. Para fin de año se estima bajar a una pérdida de 250 millones de pesos.

Ferrocarriles. En octubre, la Sociedad Operadora Ferroviaria (Sofse) estimó que para fin de 2016, su recaudación sólo alcanzaría al 6% de sus gastos totales. Necesitaría subsidios por 20.800 millones. Eso sin contar las inversiones, que la Nación financia aparte.

Otras estatizaciones. Yacimientos Carboníferos Fiscales (noviembre de 2015), Espacios Radioeléctricos (enero de 2004), Astillero Tandanor (abril de 2007). Lafsa (Líneas Aéreas Federales).

Gracias Kristina...
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