martes, 3 de abril de 2012

Recursos naturales: la disputa económica detrás de la soberanía

Por Matías Ortega para Ambito.com
A 30 años de la fatídica guerra de Malvinas, el reclamo por la soberanía del archipiélago ha reverdecido en la política exterior de la Argentina. Desde 1833, cuando Gran Bretaña usurpó y colonizó el territorio, nuestro país ha exigido su devolución tanto por la vía diplomática como, en 1982, por las armas. Pero junto con la exigencia histórica e irrenunciable de recuperar un enclave que geográficamente y por herencia pertenece a la Nación, una cuestión clave que subyace hoy nuevamente está en juego: la explotación de los recursos naturales.

El tema que actualmente centra la atención es el de las reservas de petróleo que puedan existir en las cuencas submarinas que rodean la zona en disputa. Las estimaciones sobre la magnitud de ese recursos han tenido idas y vueltas, pero cada vez más se refuerzan las teorías que apuntan a que allí podría encontrarse un tesoro que generaría un impacto económico inmenso para los isleños y Gran Bretaña.
Haciendo cuentas

Hasta ahora, los cálculos más pesimistas apuntan a que no habría menos de 600 millones de barriles. Sin embargo, la empresa Rockhopper, una de las cinco compañías que operan allí y hasta el momento la única que confirmó hallazgos de petróleo en uno de sus pozos de la Cuenca Norte, elevó su estimación a casi 1.300 millones de barriles. La semana pasada, Lewis Clifton, director ejecutivo de Byron Marine, empresa que maneja la logística en Puerto Argentino (Puerto Stanley para los kelpers), afirmó que en los próximos días podría haber datos más precisos al respecto. Además, confirmó que "si todo sale bien, el primer barril de petróleo en Malvinas será producido en el segundo trimestre de 2016".

Un informe de reciente publicación realizado por la consultora británica Edison Investment Research, a pedido del gobierno del primer ministro David Cameron, asegura que las ganancias podrían elevarse astronómicamente, aunque no brinda precisiones métricas sobre la cantidad existente del hidrocarburo. Según el documento, la reserva encontrada en Sea Lion por Rockhopper al norte de las islas en 2010 le significará a la población de Malvinas la suma de 10.500 millones de dólares en ingresos por regalías e impuestos durante una estimada vida útil de 20 años.
Si se cumplen las estimaciones de los pozos perforados al sur la cifra podría alcanzar los u$s 167.000 millones, lo que representa u$s 56 millones de ingresos por de cada uno de los 3.000 isleños. Vale hacer una comparación: Argentina recaudó impositivamente en 2011, al cambio actual, a u$s 123.000 millones. Según datos suministrados por World Factbook, que elabora el Departamento de Inteligencia estadounidense (CIA), el PBI per cápita en Malvinas es el séptimo en el mundo, con u$s 55,4 millones. Otro dato a tener en cuenta es que al poseer una escasa población, casi la totalidad del petróleo sería exportable ya que el autoabastecimiento se garantiza con una ínfima porción.

A fines de 2009, cuando aún la primera plataforma de exploración, la Ocean Guardian, no había llegado a aguas del Atlántico sur, el presidente del Falkland Island Holding y vicepresidente de la petrolera Falkland Oil anda Gas, David Hudd, lanzó en declaraciones al diario sensacionalista The Sun la estimación más exorbitante conocida hasta ahora. Según él, las reservas en el archipiélago alcanzarían los 60.000 millones de barriles. Al día de hoy, esa cifra no pudo ser refrendada. Para una mejor comprensión de lo que esto significaría es relevante destacar que se calcula que el mayor pozo del mundo, Ghawar en Arabia Saudita, extrajo un cantidad similar entre su descubrimiento en 1948 hasta 2010.

Sin embargo, expertos consultados por ámbito.com ponen un manto de duda sobre el potencial petrolífero real de la región. "Por el momento no hay evidencia alguna del hallazgo de reservas; sí se han ensayado dos pozos que produjeron petróleo pero de ensayos muy cortos que no habilitan a hacer extrapolaciones de productividad en el tiempo de los mismos, ni tampoco acotar con cierto rigor los volúmenes posibles de petróleo presente. Se pueden hacer estimaciones de los recursos posibles, pero eso no son reservas. Las reservas son volúmenes de petróleo o gas, que son económicamente rentables de explotar", explica Daniel Kokogian, titular de New Milestone, consultor en materia energética, quien cuenta con una vasta carrera en la materia, publicó decenas de trabajos técnicos y ocupó posiciones destacadas como geólogo de exploración en importantes empresas del sector.

"Si no se sabe aún qué volúmenes podrían existir y tampoco se sabe la productividad promedio de los pozos, no se puede definir si se está ante un proyecto de desarrollo rentable, o sea un yacimiento", continúan Kokogian, al tiempo que sostiene que "se va a necesitar hacer muchos pozos más para poder tener certezas respecto de la presencia o no de reservas". "Hoy por hoy son nulas", opina.

El especialista agrega que "podría estimarse que a costos y valores de crudo actuales las reservas mínimas requeridas no deben ser menores a 300 o 400 millones de barriles". Asimismo, advierte sobre la viabilidad para la extracción rentable de petróleo en algunas áreas, donde además haya existencia de gas y donde los reservorios sean "discontinuos". Según Kokogian, estas cuestiones generan "incertidumbre" ya que elevarían los costos de la operación. En cualquier caso, si la Argentina obtuviese el control de la actividad la ubicación geográfica de las islas con respecto al continente facilitaría la recuperación del recurso.

Al respecto, el Director Ejecutivo del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI), Juan Recce, sostiene que "aún cuando las probabilidades (de la existencia de reservas) parecen ser altas, de momento no tenemos ninguna certeza. Sólo contamos con estimaciones prospectivas fundadas en modelos de análisis geológicos, altamente condicionados por los presupuestos técnicos instalados por viejos informes de los Servicios Geológicos de los Estados Unidos y el Reino Unido".

"Ni British Petroleum ni Shell, las petroleras británicas más importantes del mundo, se han ocupado hasta la fecha de encarar directamente la exploración en la zona en disputa. Por el contrario, delegaron esta tarea en manos de pequeñas subsidiarias de notable insignificancia estratégica. Si los recursos enunciados fueran tan importantes estarían allí por sí mismas", opina Recce.

En cuanto a las idas y venidas sobre los informes de reservas que producen las propias empresas que operan en la zona, el especialista lo vincula con cuestiones "financieras y políticas". "En primer lugar, está asociada con los ciclos especulativos bursátiles de la Bolsa de Londres antes que con la corroboración del crudo existente. En segundo, es contribuyente de la exacerbación discursiva del cálculo estratégico por parte del Reino Unido en relación a cuestión de fondo, la soberanía. Sabemos que el capital inglés es un excelente constructor de información", concluye.

Sin embargo, Recce hace hincapié en que "ambas márgenes del océano Atlántico Sur son ricas en hidrocarburos" y sostiene que pese a la falta de datos concretos "promete un futuro alentador para nuestra matriz energética nacional y sudamericana". Resalta, por ejemplo, el caso de Brasil donde se iniciaron trabajos en la cuenca Santos en los años '70 y recién en 2008 se confirmó la existencia de reservas.

• Más allá del "oro negro"

"La industria pesquera y la pesca han sido cruciales en el desarrollo actual de las islas". La categórica afirmación corresponde a John Barton, director del Departamento de Pesca de Malvinas, quien en diálogo con este medio resaltó la importancia de la actividad en el porvenir del gobierno kelper. "Habría sido un lugar mucho más pobre sin la pesca", remata.

Mientras no termine de desarrollarse la explotación de petróleo, la pesca continúa como la principal fuente de ingresos de los isleños. Barton explica que la industria genera unos 200 millones de euros al año, de los cuales cerca de 20 millones los obtiene por el otorgamiento de permisos a 25 años para desarrollar la actividad.

Hasta 2005, las licencias de pesca se ofrecían año a año, pero el sistema fue modificado por otro a largo plazo, pese al rechazo argentino en tiempos de la presidencia de Néstor Kirchner. Barton defiende enfáticamente la medida, al tiempo que lamenta que haya provocado la suspensión Comisión de Pesca del Atlántico Sur (CPAS), a través de la cual Argentina y Reino Unido realizaban trabajos conjuntos en materia pesquera.

"La CPAS tuvo un rol constructivo en la conservación de la pesca regional desde 1990 a 2005. Había intercambio de información y trabajos conjuntos. Las cosas no siempre funcionaban a la perfección, pero aún era mucho mejor que no tener ningún tipo de cooperación para conservar la pesca", sostiene.

Barton rechaza que exista una "depredación" de los recursos marítimos, aunque reconoce que algunas especies, sobre todo las de explotación compartida con Argentina, han sufrido "sobrepesca". Sin embargo, destaca los esfuerzos de la administración isleña para evitar ese tipo de situaciones y consideró que a 25 años de comenzada la actividad han tenido "un éxito razonable" para que sea sustentable en el futuro.

Desde una vereda totalmente opuesta, César Augusto Lerena, veterinario especialista en la materia y que entre otros cargos públicos ocupó la Secretaría de Pesca a principios de los '90 -se alejó por diferencias con el gobierno que encabezó Carlos Menem-, criticó con dureza la actividad desarrollada por los isleños y Gran Bretaña en la zona.

En diálogo con ámbito.com, Lerena acusó a los ingleses de "no preocuparse por la conservación de los recursos naturales" en las islas. Pero tampoco ahorró cuestionamientos a los sucesivos gobiernos argentinos por la falta de políticas y por utilizar a la pesca como "moneda de cambio para resolver cuestiones económicas de la Nación".

Lerena considera que la Argentina ha "minimizado" la importancia de explotar como recurso propio la pesca, mientras que, sostiene, realizó acuerdos desfavorables que pretendían levantar la bandera de la soberanía pero que en realidad garantizaban una mejor sintonía comercial con la Unión Europea. Al criticar las normas firmadas con Gran Bretaña en los años 90 por el gobierno menemista, el experto no duda en denominar a ese pacto como el "Acuerdo del gallinero". Explica que por ese tiempo se estableció con la potencia europea "el cuidado conjunto de los recursos marítimos para evitar interferencias en la ruta del calamar y otras especies"; así, los malvinenses se garantizaron el control de la pesca de los cardúmenes que migran hacia las islas. "Es decir, se acordó con el zorro el cuidado del gallinero", concluye.

Según los cálculos que ofrece Lerena, "el Reino Unido ocupa el 73% del territorio marítimo austral y se estima que sus capturas representan el 40% del total del Atlántico Sur". Asimismo cuestiona las licencias de pesca a 25 años que otorga el gobierno de Malvinas al afirmar que "carece de todo sustento científico" y que son "un intento de demostrar poder". En tanto, agrega que desde la posguerra, Reino Unido extrajo de las aguas de la zona el equivalente a entre 5.000 y 9.000 millones de dólares.

"La pesca es un recurso renovable pero agotable en tanto no se administre adecuadamente. Es por lo tanto sustentable su explotación; pero no en un medio donde todos los actores actúan en forma negativa", asevera.

En términos de explotación conjunta, el kelper John Barton plantea que los gobiernos deberían dejar "en el asiento de atrás" las cuestiones políticas y resucitar el CPAS con el fin de trabajar en la conservación. Aunque advierte que no hay posibilidades de que barcos argentinos pesquen en aguas malvinenses, y viceversa, cree que una idea óptima sería que, por ejemplo, las capturas sean procesadas en la Argentina lo que mejoraría la rentabilidad del sector.

En cambio, Lerena propone medidas totalmente opuestas. Para él "de ninguna manera" la Argentina debe considerar una explotación conjunta y sostiene que incluso la estrategia debería apuntar a capturar los recursos antes de que migren hacia las islas. Además, insta a tomar iniciativas similares a las que se tomaron con la exploración petrolera, que castiguen a las empresas extranjeras que realicen actividades comerciales con el gobierno de Malvinas.

• Minería y posición estratégica

La explotación minera, sin bien es un importante factor económico en el mundo, aún no tuvo un desarrollo relevante en el archipiélago. "Los recursos mineros son viables, pero en los próximos años. Hoy solo hay una empresa capaz de extraer minerales metalíferos en profundidad, la angloamericana Nautilus, que ya está haciendo explotación en el Pacífico. En su plan de negocios está previsto desembarcar en el Atlántico Sur hacia fines de la década", explica Juan Recce.

El experto advierte sobre otros aspectos, como por ejemplo la "biodiversidad de aplicación farmacéutica". Justamente, a fines de 2011, Londres anunció su intención de ampliar su injerencia en la zona con la creación de un gigantesco santuario ecológico en torno de las islas Georgias del Sur y Sandwich, ubicado a 1.300 kilómetros al sudeste de Malvinas y con una superficie de 1,07 millones de km2.

Pero también Recce apunta que "Malvinas es parte de la carrera geopolítica del futuro si la entendemos en clave Antártica".

"Malvinas y la Antártida, son para el Reino Unido, parte de un único sistema estratégico de poder, cuyos márgenes se amplían con sus territorios de ultramar ubicados en el centro del Atlántico Sur. Las islas de Ascensión, Tristán de Acuña, Georgias y Sándwich de Sur, le confieren el control logístico del camino de occidente a la Antártida", señala.

Finalmente, Recce concluye: "En el sistema Malvinas-Antártida, se juega parte de nuestra economía real del futuro, no la inmediata, sino la de los próximos 30, 40 y 50 años. También la del Reino Unido".

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